Opinión

Sin líderes no hay futuro

  
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Aurelio Nuño

México necesita multiplicar sus líderes. La gran transformación que hicimos en los últimos 25 años, abandonando el fracaso del siglo XX y apostando por la industria, ha funcionado. La mitad norte del país ha crecido a ritmos de entre 3.5 y 5.0 por ciento anual durante esos 25 años. La mitad sur, que no ha podido (o querido) dejar atrás el modelo fracasado, no logra superar el 2.0 por ciento. Simplemente sumarse a lo que ocurre en la otra parte del país le duplicaría el crecimiento.

Pero si queremos pasar a otro nivel de desarrollo, y no nada más mejorar a buen ritmo en el actual, requerimos algo diferente. Y ese algo diferente depende esencialmente del talento humano. Talento que estamos destruyendo en la educación básica, según la evidencia de PISA. A diferencia de la creencia popular, en México no reciben mejor educación los más ricos. Todos terminan en la honesta medianía. Entre los niveles uno a tres del examen PISA tenemos a 85 por ciento de los estudiantes en ciencias, a 82 por ciento en lectura y a 70 por ciento en matemáticas. Sólo en este último caso hay un país con un mayor porcentaje: Letonia, con 72 por ciento.

Producimos jóvenes mediocres, y nos sorprende la mediocridad del país, en todo sentido. Y cuando aparecen números como éstos, en lugar de buscar soluciones, buscamos culpables: el gobierno, el sindicato, la televisión. Como usted sabe, mi villano favorito es el viejo régimen, que construyó un sistema educativo para adoctrinar y no para educar o instruir, pero no tiene caso discutir eso. Lo importante es cambiar esto a la brevedad. Como lo ha prometido el secretario de Educación, el nuevo modelo educativo empezará a dar resultados en diez años, y creo que es optimista. No podemos seguir apostando a tener apenas cinco mil jóvenes competitivos en cada cohorte. Cinco mil entre dos millones.

Creo que tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos, y resolver el problema en centenares de esfuerzos individuales y colectivos, pero no esperando un cambio total del sistema educativo. Eso no va a ocurrir. No dudo que mejore, pero de aquí a que produzca una proporción importante de jóvenes de excelencia, habremos perdido varias generaciones, o tal vez lo habremos perdido todo.

Lo mejor sería impulsar el cambio desde el principio, promoviendo un mejor desempeño desde preprimaria, pero eso es difícil de lograr, más allá de lo más cercano, que es la propia familia. Ya con eso avanzaríamos algo, sin duda, pero no basta. La segunda mejor opción sería captar a los mejores estudiantes de primaria para colocarlos en un puñado de secundarias de excelencia en cada entidad. Cuando propuse esta idea por primera vez, el reclamo era que esto ampliaba la desigualdad. Sí, precisamente de eso se trata, de romper con esa igualdad a la baja que tenemos hoy: todos mal.

La tercera solución consiste en tratar de mover a quienes hoy están cerca de la excelencia para que den el salto necesario. Tenemos entre 2.0 y 4.0 por ciento de los niños y niñas en el nivel inmediato siguiente. Ubicarlos al fin de la secundaria y tratar de colocarlos en las mejores preparatorias o en programas especiales permitiría un avance rápido.

De manera general, sigo pensando que debemos centrar el proceso en el lenguaje: el español, el inglés, las matemáticas, la programación, música, artes plásticas. Mientras más lenguajes pueda una persona utilizar con confianza, es mayor su capacidad creativa (es decir, de traducción) y es menor su frustración, que parece ser el elemento clave en el abandono escolar en media superior.

Seguramente hay mejores ideas, pero no mejor diagnóstico. Tenemos un problema serio de escasez de líderes. Y se nota.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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