Opinión

Sin fin, la guerra en Siria

La guerra civil en Siria, que desde hace un año se ha extendido a la lucha entre los dos principales grupos Yihadistas por el control de la rebelión contra el régimen del presidente Bashar Al-Assad (BA), entró en su cuarto año con un saldo de más de 150 mil muertos, una tercera parte civiles, 600 mil heridos, la devastación de la infraestructura del país, la paralización de la actividad productiva y alrededor de 9 millones de refugiados internos y al exterior. Los desplazados internos significan un tercio de los 22.5 millones de habitantes de Siria; los refugiados en el exterior alcanzan en el presente 2.5 millones: más de un millón se encuentran en Líbano, cifra que se estima llegará a 1.6 millones al fin del año; 550 mil en Jordania; 500 mil en Turquía; 200 mil en Irak y 150 mil en Egipto, principalmente. Los refugiados que viven en condiciones precarias han desestabilizado a las economías de sus vecinos. Se estima que las secuelas de la guerra en Siria se resentirán durante varios años, sobre todo al considerar que el Ejército sirio y facciones rebeldes han realizado actos de genocidio similares a las observadas en Bosnia y en Rwanda en el pasado reciente.

En este contexto, un alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ha indicado que después de que el Ejército de BA mató con armas químicas a mil 500 personas el año pasado y se comprometiera a no usarlas más, adhiriendo a Siria a la Convención de Armas Químicas, las ha vuelto a emplear en más de 30 ocasiones. En el 2013, cuando se comprobó el uso de armas químicas en la Guerra de Siria, EUA estuvo a punto de intervenir militarmente en esa nación; no obstante, un acuerdo de última hora entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el de EUA, Barak Obama, para el desplazamiento de las armas químicas de Siria, evitó la acción militar de EUA.

En este ámbito, se considera que el derramamiento de sangre en Siria no cesará, mientras Rusia, Irán y los terroristas de Hesbola (prácticamente convertidos en un Ejército regular), sigan apoyando a BA con armas, financiamiento y combatientes. Rusia realiza envíos masivos de armamento a través de su base naval de Tartus, a 160 km. al Noroeste de Damasco y a 30 Km. al Norte de la Frontera con Líbano; Irán, además de armas, incluso de tecnología sofisticada, mantiene tropas de elite y asesores en Siria; por su parte, Hesbolla cuenta con más de 5 mil combatientes en esa nación.

Amos Yadlin (AY), exjefe de la inteligencia militar israelí en el periodo 2006-2010, opina que por razones morales y estratégicas, Israel debería intervenir en Siria, aunque cree que una acción unilateral no sería la primera opción, es preferible que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dirigidas por EUA, realizarán operaciones en Siria estableciendo una zona de exclusión aérea, abriendo pasillos humanitarios y llevando a cabo ataques aéreos a blancos estratégicos del régimen de BA, como bases militares, almacenes de armas, entre otras. En este sentido, a pesar de que en el medio político de Israel no hay consenso respecto a si el derrocamiento de BA sería benéfico para Israel, AY lo evalúa como conveniente, en virtud de que los sunitas (tres cuartas partes de la población) que asumirían el poder en Siria a la caída del dictador, “nunca se unirían en una coalición con Hesbolla e Irán”.

Lo cierto es que no se vislumbra el fin de BA en el futuro previsible, por el contrario, con la reciente salida de los rebeldes islamitas de Homs (la tercera ciudad Siria en importancia y cuna de la rebelión) después del sitio a sus barrios principales durante 24 meses, permitirá al Ejército de Siria “enfocarse en Alepo y el este de Damasco, donde se encuentran los últimos reductos de la insurgencia que llegaron a controlar dos tercios de la nación” El gobierno de BA pactó el retiro de los rebeldes de Homs a cambio de un canje de prisioneros y la entrada de ayuda humanitaria.

Por otra parte, la lucha intestina entre los dos grupos Yihadistas rebeldes, El Frente al Nusra, ligado a Alqaida y El Estado Islámico de Irak y el Levante se ha intensificado, ya está provocando más muertos que la guerra contra BA; de aquí que de acuerdo al Observatorio Sirio, la derrota de los insurgentes se registraría en el mediano plazo. Así, hoy día la posición de BA es más firme; no obstante, por su trayectoria de dictador y de genocida, heredada de su padre, no es un gobernante “aceptable” y tampoco interlocutor político.

Siria está convertida en un rompecabezas de zonas controladas por el régimen de BA o por sus oponentes, “creándose una suerte de inaceptable punto muerto que podría llevar años superarlo”.