Opinión

Sin Estado de derecho no hay reforma que valga

El tema de la inseguridad crece conforme los vacíos dejados por el Estado van siendo cubiertos por el crimen organizado, autodefensas y otros adefesios. La respuesta del gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido un incremento en el gasto social con una gestión adecuada de la secretaria Rosario Robles, con la cual se busca que la sociedad recupere espacios, y se arma una respuesta armada para recuperar “narcoestados” como Michoacán.

El gorila en la habitación al cual nadie quiere voltear a ver, es la evidente falta de un Estado de derecho medianamente funcional. Sin el imperio de la ley, México no se desarrollará, no hay reforma que valga. El presidente puede ungir a un zar tras otro para que luche contra el secuestro o para que recupere Michoacán, pero éste no es más que un paliativo si no va junto a una estrategia amplia, bien pensada y decidida para que la impartición de justicia en México esté al nivel de la oportunidad que el entorno nos pone en charola de plata.

México es un país en el cual el fuerte siempre se sale con la suya. El papel de un marco legal adecuado es, precisamente, empoderar al débil. Asegurarse de que un fallo judicial se dé estrictamente en base a quién tenga la razón que la ley concede, y no a partir de quién tiene más en la cartera para comprar el laudo. Esta condición es uno de los elementos que más disuaden a potenciales empresarios e inversionistas quienes saben que siempre llevan las de perder cuando lleguen a un punto de conflicto con el fuerte. Es la misma raíz del mal que se manifiesta cuando un narco fuerza –en base a la extorsión- a que alguien ceda una propiedad ante un notario público. Cientos de ranchos y predios agrícolas estén abandonados conforme sus dueños tienen que salir del país para evitar ser sujeto de presiones. El costo en la producción por ese abandono es enorme.

En México hay una situación bipolar. Sabemos que la productividad del país es patética. Pero, escuchamos una y otra vez que grandes empresas industriales multinacionales vienen a México por la gran capacidad de trabajo de alta calidad, de entregas a tiempo, y de otras condiciones esenciales para asignar capital aquí y no en otra parte. ¿Por qué no es esa una condición que prevalezca en otros sectores? Según Luis de la Calle, si medimos el crecimiento en la inversión de bienes de capital en México y el de la oferta de trabajo, éste excede en mucho al crecimiento del PIB. Eso indica que fuera de condiciones de obsolescencia o de mala inversión, la única explicación razonable es la ausencia absoluta de un Estado de derecho eficaz.

Este gobierno ha logrado triunfos que no son menores. La reforma energética puede detonar enorme inversión nacional y extranjera, si es apuntalada por leyes secundarias sólidas y entes regulatorios inteligentes. En mi opinión, ésta podría llevar a que México crezca más de 4% este año. Lo creo porque se estará comparando con un año muy malo (2013), porque se debe recuperar el crédito privado y el que proviene de banca de desarrollo, debe haber más exportación porque EU crecerá quizá 3%, y porque la construcción debe recuperarse un poco. Por otro lado, si con un déficit fiscal real de 4.1% del PIB no crecemos así, entonces tenemos problemas más graves de lo que pensamos.

Roubini Global Economics lanza un pronóstico optimista de 4.5% para 2014, 4.6, 4.2, 5.4, 5.3, 5.5 y 5%, hasta 2020. En un entorno así, un riesgo real (aunque en parte deseable) provendría de que el gobierno crea que crecer equivale a estar desarrollados, y que por ello ya no es necesario hacer cambios de fondo.

En una visión más pesimista, lo que puede detener el crecimiento en 2014 es la reforma fiscal que es mala y arrogante, y que puede detener la inversión privada. Probará ser una mala estrategia para recaudar: no simplifica, no incrementa la base, deja la tasa para personas morales aún más arriba que antes de la de la OCDE, estimula la informalidad, centraliza el ingreso en vez de apoyar la recaudación municipal por medio de prediales, etcétera. Además, el terrorismo fiscal nunca ha sido buena estrategia. Adicionalmente, el crecimiento en la inseguridad también puede ser un pesado lastre al crecimiento, pues sobresalta a la inversión o, en el mejor de los casos, reduce las regiones susceptibles a recibirla.

¿Por qué no es el Estado de derecho la prioridad de este gobierno? No lo entiendo. Este no es un momento para retórica. Cuando uno ve que de Michoacán han salido barcos llenos de hierro que proviene de minas ilegales y que se intercambia en China por precursores químicos para producir metanfetaminas, queda claro que un comercio de esa magnitud, saliendo y llegando al puerto de Lázaro Cárdenas, no ocurre sin la colusión de diferentes niveles de gobierno local y estatal. Creeré que este gobierno va en serio cuando vea a varios de éstos en la cárcel.
Es inmoral que dejemos ir esta extraordinaria oportunidad por evitar afrontar temas incómodos y complejos. No hay tiempo qué perder.