Opinión

"Sin Escalas"

Non-Stop / Sin Escalas (2014, Jaume Collet-Serra), no es la exaltación de ese anti-héroe tan cinematográfico, el cuasi alcohólico alguacil aéreo en perpetua agonía, pero también en eterna lucidez Bill Marks (Liam Neeson). No. Antes al contrario: es el sampler más completo de todos los clichés del antihéroe que funciona sin mucha razón ni objetivo en una situación que no es otra que la tradicional unidad de acción, tiempo y lugar, con el plus de que ahora está a 22 mil pies de altura en un avión literalmente a punto de explotar.

Un sampler, pues, que incluye la eterna crisis de la soledad, la intensa caída en el alcoholismo y la devastadora presencia del policía desaliñado, harto de viajar pero obligado, a pesar de que cada indicio de culpa apunta hacia él, a salvar a cada uno de los pasajeros en un vuelo que está por salirse de control. Sobre todo porque el anti-héroe posee innumerables recursos para beber a escondidas, fumar en los lavabos y hasta descuidar su trabajo y sus relaciones con la atenta sobrecargo Nancy (Michelle Dockery).

La en principio ingeniosa trama de John W. Richardson, Chris Roach & Ryan Engle aprovecha cada vericueto observado en la seguridad aeroportuaria y los resquebraja hasta convertirlos en frágiles fragmentos de la realidad. Busca así dar una imagen aparentemente concisa, y sobre todo aterradora, de cómo sería un secuestro en los tiempos post 11-S, con abundancia de detalles que involucran al anti-héroe en modo de atento observador de actitudes y situaciones; que considera desde un principio que todo pasajero podría resultar un criminal en potencia (“¿por qué dijiste que ibas a Amsterdam?”) .

Sin embargo, los huecos en la lógica del relato abundan y antes que emoción lo que despiertan son innumerables preguntas sin respuesta sobre una situación excesivamente forzada que Collet-Serra dirige con solvencia y convicción, dándole un énfasis especial a la violencia y la paranoia del personaje. Buscando crear un hueco en la coraza de su recia actuación al límite de la cordura, pero también al borde de un heroísmo in extremis (“no quiero secuestrar el avión, quiero salvarlo”), el film insiste en ir hacia la exageración. Por la exageración misma. Es por ello que al final la explicación de los detalles que se han visto es por completo innecesaria.

El descuido fundamental del film está justamente en explicar quién y por qué es el villano. Cuando aparece debería crear un cierto impacto y no un evidente anticlímax. Esta aparición es sin duda lo más inverosímil del relato al revelar que la base de su estructura narrativa no es más que un whodunit? O sea, un film que sólo acumula sospechosos en busca de que el espectador los descarte, pero apuntando a que siempre el sospechoso principal es el que está al lado del anti-héroe. Al no ser así, la aparición del verdadero culpable no es más que un truco barato de prestidigitación para simplemente anunciar que el final está cerca, que todo lo que debe explotar explotará, y que el concepto de happy end permanece intacto.

Entretenimiento al más puro estilo Hollywood, Non-Stop / Sin Escalas juega con la credibilidad del espectador hasta casi el último minuto, logrando no el asombro de un film ultrainventivo, sino el tedio de uno que se desenvuelve por la simple rutina de malos vs. buenos. O lo que es lo mismo, Non-Stop / Sin Escalas es tan aparatoso como el avión que retrata; reduce a su mínima expresión el muy viejo estilo Aeropuerto (1970, George Seaton), aunque ya sin el reparto multi-estelar ni sin la noción de ser el primer film de su tipo. Tampoco sin al menos cierta dosis de cinismo de estar haciendo un argumento al estilo Agatha Christie para el siglo XXI. Nada de eso. Lo que queda sólo son las reiteraciones de otro personaje Duro de matar (1988, John McTiernan) que convierte sus traumas en la última misión suicida, disparos en cámara lenta incluidos: sin escalas hasta el último bostezo.