Opinión

Sin crecimiento, con pobreza y “sin alimento”

Esta semana se darán a conocer las encuestas que Banxico toma en cuenta para ajustar los pronósticos de crecimiento de la economía mexicana. Todo indica que se ajustará el indicador a la baja, es decir, no se cumplirá la meta del 4 por ciento esperada. Algunos consideran que el ajuste a la baja se deberá al efecto negativo que las reformas, particularmente la fiscal, han tenido sobre las decisiones de inversión, empero, esto es mucho más complejo. Por un lado, el sector de la economía ligada al mercado exterior no repunta al no repuntar la demanda ya sea intermedia o final de sus socios comerciales. A su vez, el consumo interno que apenas sostiene el magro crecimiento en la economía también muestra tendencias no muy benéficas para el crecimiento económico.

En este contexto de bajo crecimiento, la desigualdad es el signo característico de las sociedad mexicana, empero no es la excepción. Ya en alguna otra nota (7/03/14) he comentado que a pesar de mejorar el índice de Gini (.45 para el 2012), en sociedades con una distribución del ingreso tan desigual la simple forma aditiva (y no ponderada) de dicho índice atenúa la desigualdad. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en el 2013, dio a conocer que entre el 2010 y 2012 la población en pobreza en México pasóse de representar el 36.3% al 37.1% de la población, es decir, incrementó.

Se podrá argüir que fue un problema de administración, pero ello es errado pues es un problema del modelo económico. La campaña contra el hambre fue una mala receta, debido al mal diagnóstico, para reducir la pobreza rural en términos alimentarios. Se arguyó que no sería un programa asistencialista pues iría aunado a proceso productivos en el agro, empero, a dos años el programa ha sido sumamente cuestionado. El problema de la desigualdad es que todo esfuerzo redistributivo, en un contexto de bajo crecimiento, mediante programas asistencialistas, estará destinado al fracaso. Dicho fracaso se ve agudizado por que los recursos destinados a programas sociales se ejercen de manera ineficiente y, en mucho casos, con tintes de discrecionalidad. E incluso, más allá de la voluntad de quiénes lo dirigen o idearon.

Parece paradójico que sean las personas del campo las que carezcan pobreza alimentaria, empero, esto tiene varias explicaciones. Primero, históricamente el agro ha sido el sector productivo más complejo tanto en sus estructuras productivas como en la forma que se ha intentado integrar al sistema industrial, así como más desigual en la asignación, los cuales son acaparados por los grandes emporios agroindustriales.

Segundo, a partir de la apertura comercial (desde inicios de los ochenta) se creyó que incluso el alimento podría ser importado pues, citando a Smith “la mano invisible asignaría de forma eficiente los recursos”. Lo que nadie recuerda de dicho autor es que también señaló que hay dos mercaderías que no se pueden dejar al libre mercado pues de ser así se comprometería la soberanía nacional: las armas y los alimentos.

Desde el 2000 la balanza comercial alimentaria ha incrementado su déficit, incluso en granos básicos para la alimentación como maíz, a pesar de que el maíz importado es inadecuado para el consumo humano (pues es maíz amarillo o forrajero y no blanco). Así, haciendo una referencia a Tony Jud y citando su libro, el cual recomiendo ampliamente, en México “Algo va mal” y no da señales de mejorar, pues la desigualdad no se soluciona con programas asistencialistas, mucho menos, en un escenario de asignación ineficiente del gasto y en una sociedad donde se miman las, cada vez más, estratosféricas riquezas personalesn, las cuales no redunda en acumulación de capital que incentiven el crecimiento de la economía. México necesita pensar en grande. Requiere resolver el problema de la desigualdad haciendo crecer a su economía, tejiendo las combinaciones que más convengan de lo público y de lo privado. Seguir repitiendo programas de asistencia da para comer a los que lo administran y a los que se contrata para que hagan consultorías relacionadas con el tema. No, para eliminar realmente el hambre.

Así que con la Cruzada Contra el Hambre podemos salvar al enfermo para mañana pero sabiendo que se va a morir porque tiene cáncer. El asunto es que, aunque parezca paradójico en un país como México, ese cáncer es curable.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM.

Correo:semerena@unam.mx