Opinión

Simular

1
  

    

[Cuartoscuro]  Estará a cargo de grupo femenil, para evitar corrupción.

“Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque
ninguna simulación puede
durar largo tiempo”

Marco Tulio Cicerón

Conjugamos y hacemos práctica el verbo simular miles de veces al día en nuestro país. Intentamos e insistimos en presentar como cierto o real, lo que es falso o imaginado. Es esta necia actitud de representar una cosa fingiendo lo que no es.

Para una cultura cívica, construir el progreso de una nación con el orgullo y la honestidad que ello demanda, la simulación alimenta el autoengaño, genera un enorme desgaste para miles y miles de ciudadanos e impide reconocer primero y resolver después, problemas y desafíos.

Parece ser una máxima no escrita pero que sostiene la cultura de la simulación: “mientras no se sepa” podemos seguir “engañando” a otros. Lo grave entonces ya no es violar la ley, extorsionar, sobornar, manipular, transar. Lo más importante es que no se haga público, que no nos cachen.

Simulamos cuando un estudiante entrega una tarea que no hizo, sino que la mando a hacer y pago por ella. Simulamos cuando se cobran quincenas que no han sido devengadas. Simulamos cuando decimos amar a México y cotidianamente le arrancamos pedazos de orgullo, de credibilidad y grandeza. Simulamos cuando exigimos cumplir con la ley pero siempre y cuando lo hagan los otros. Simulamos cuando nos sentamos a la mesa con quienes criticamos duramente en privado, pero públicamente nos mostramos como aliados y amigos.

En reiteradas ocasiones cuando alguien pregunta frente a una dificultad o un riesgo, y ahora, ¿qué decimos?, es señal de que se están explorando caminos distintos a la verdad. Solemos pedir perdón a nuestro interlocutor para despojarnos de la máscara de la simulación:
“te ofrezco una disculpa de antemano, pero tengo que decirte la verdad...” “perdón por lo que voy a decirte, pero tengo que hacerlo...”
Romper la simulación puede resultar altamente costoso. Escuchar lo que no se quiere oír; preguntar y aceptar respuestas que descartan la subordinación autoimpuesta o exigida por quien funge como autoridad.
Quien intenta simular en una cultura meritocrática pronto aprende que eso no funciona y aprende a jugar con las nuevas reglas.

Hay prácticas burdas, como la intervención de autoridades en procesos electorales, pero la simulación pesa más, y entonces hacemos que, aunque sabemos, no vemos, porque así conviene temporalmente o porque en nuestra casa se hace lo mismo o bien porque la frustración que provoca la impunidad es tan grande que se renuncia a seguir dando estas batallas.

Nos hacemos de la vista gorda para evitar conflictos y en ocasiones apostamos para que sea el tiempo o alguien más quien los resuelva. Lo mismo sucede con muchas otras autoridades, cuya mejor opción es dejar hacer y dejar pasar.

Ciudadanos y autoridades practicamos la simulación y por ende las instituciones se vulneran cotidianamente. No es casual que
México sea en nuestra región, uno de los países que encabeza la lista del desprecio por la ley. El engaño desde el poder político o económico, salvo excepciones, no tiene consecuencias.

Sólo que la cultura de la simulación aunque temporalmente “evita” esfuerzos, responsabilidades y costos, también impide un mejor porvenir, también impide un país con estado de Derecho, con la credibilidad y certeza que hoy exigimos y que hoy se vuelve indispensable para revertir el hartazgo y la indignación de millones de mexicanos.

Estamos atrapados en un círculo vicioso porque mientras no cambiemos reglas del juego, incentivos perversos y procesos, donde la corrupción e impunidad se imponen, mientras mentir no tenga consecuencias, miles de mexicanos deben invertir gran parte de su energía y tiempo en buscar atajos y salir lo mejor librados.

Trabajar en revertir la cultura de la simulación y a la vez transformar y fortalecer nuestras instituciones son dos caras de una misma moneda .
No basta la decisión o la mejor de las voluntades para ser demócratas o renunciar a la simulación. Necesitamos construir el andamiaje que lo haga posible.

Vamos contrarreloj y, en por lo menos una de las caras de esta moneda, algo debemos y podemos hacer para que la cultura de la simulación no sea la que termine por arrebatar nuestra confianza y esperanza en el futuro.

Twitter:
@JosefinaVM

También te puede interesar:
¿Destruimos las instituciones?
​Hice lo que tenía que hacer…
¿Y mientras llega el 18?