Opinión

Similitudes

 
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Donald Trump


El triunfo del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, amenazas y expresiones xenófobas aparte, parece guardar similitudes con personajes y episodios ya vividos en México.

A finales del siglo pasado tuvimos un candidato excéntrico, ocurrente, dicharachero y desparpajado, surgido del ámbito empresarial, sin mayor formación política, que accedió al poder aprovechando el desencanto social con el sistema establecido y la esperanza de cambio.

Pero aquel que amenazó con aplastar a las tepocatas y víboras prietas, tuvo que sucumbir ante las realidades del sistema, adaptarse y navegar en él sin mayor trascendencia. De igual forma, el magnate norteamericano, convertido ya en presidente electo, comienza a moderar su tono, transforma el discurso incendiario en un mensaje de unidad y se verá obligado a adaptarse a los espacios reales y a las reglas del juego que el sistema le establezca.

Para el futuro inmediato de la política mexicana, podemos advertir un escenario que tendrá similitudes con la pasada contienda norteamericana. Toda proporción guardada, la virtual confrontación entre una candidata de amplia trayectoria política, militante, ex congresista y ex primera dama, y un candidato popular, reaccionario, dicharachero y amoroso que no ceja en su empeño por la máxima magistratura del país.

Ante el evidente deterioro de imagen de nuestra clase política, el desencanto que se arraiga día con día entre la población y la carencia de opciones diferenciales que generen un atractivo razonable en cuanto a la expectativa de solución de las más sentidas demandas sociales, no es improbable que en los próximos meses vivamos un escenario similar, una contienda en donde se acuda más a la imprecación que a la propuesta, a la denostación y a la exhibición de las miserias del adversario antes que a la virtud propia.

Explotar el sentimiento adverso puede tener excelentes resultados cuando la opción es el peor o el menos malo.

Correo:grhhuizar@gmail.com

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