Opinión

Silencio a Nisman

Alberto Nisman era un fiscal federal argentino que realizaba desde hacía más de un año una investigación en torno al atentado terrorista perpetrado a la mutual judía AMIA en Buenos Aires en 1994 con el trágico saldo de 85 muertos.

El fiscal, como parte de sus investigaciones, había encontrado evidencia que señalaba la presunta participación de altos funcionarios del gobierno en un acuerdo secreto con Irán, para liberar a los ciudadanos iraníes presos por el atentado. Supuestamente, según la propia denuncia que el fiscal presentó la semana pasada, el acuerdo incluiría el intercambio de granos y carne –principal producto argentino– a cambio de petróleo barato. Nisman acusó directamente en su denuncia a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timmerman y otros integrantes del gobierno, por conspirar para producir “ la inocencia” de los iraníes juzgados y convictos por el atentado.

El fiscal fue muy osado al lanzar esas acusaciones, al afirmar que el aparato de gobierno fabricaba ya la inocencia que produciría, en breve, la exoneración de los iraníes encarcelados hace 21 años.

La noticia cimbró la semana pasada y produjo un enérgico desmentido por parte del gobierno, en el que se señalaba la inconsistencia de la denuncia, la carencia de pruebas y el abandono del caso AMIA desde hacía tiempo.

Este lunes estaba previsto que el fiscal Nisman acudiera a la sede del Congreso para comparecer ante los diputados y proporcionar elementos que demostraran el sustento de su denuncia. Justo en la noche previa en que el fiscal debiera exponer ante los diputados sus conclusiones, apareció muerto en su departamento de Buenos Aires, con un balazo en la cabeza.

El arma (pistola calibre .22) estaba en el piso al lado del cadáver, implicando la posibilidad de un suicidio.

Desde la tarde de ayer en Buenos Aires cientos de ciudadanos han salido a las calles a protestar bajo el lema “Yo soy Nisman”.

Desde la histórica avenida 9 de Julio hasta la Casa Rosada han llegado los manifestantes exigiendo al gobierno respuestas y explicaciones.

Para sorpresa de todos, la considerable comunidad psicoanalítica argentina ha señalado ya como incongruente la conducta del fiscal, al denunciar y preparar sus documentos con la hipótesis de un suicidio.

Un creciente velo de sospecha se tiende sobre el gobierno y su presidenta, en momentos en que la economía sufre, el desempleo crece, la popularidad de la señora Kirchner se derrumba y la crisis se multiplica. Ya no sólo es la económica o partidista, la electoral, es de credibilidad, confianza, imagen.

La diputada Patricia Bullrich, presidenta de la Comisión de Justicia Penal y responsable de orquestar el encuentro entre Nisam y sus colegas legisladores, habló con él la víspera y le dijo que “tenía muchas amenazas” y que “el tema era muy pesado”. Horas después, apareció muerto.

Se ha realizado ya una autopsia cuyos resultados aún se desconocen y que serán vitales para precisar si fue o no un suicidio.

El escritor y periodista Martín Caparrós utilizó su cuenta de twitter para poner en palabras lo que el país entero parece sospechar con este crimen, sin duda político: “Que los argentinos podamos suponer, sospechar siquiera que un gobierno puede matar a un fiscal es, sin más, la muerte de ese gobierno”.

Redes sociales por todo lo alto, “cacerolazos” por las calles presentan un nuevo punto de tensión y de crisis política para Cristina Kirchner.

Twitter: @LKourchenko