Opinión

Sigue el ajuste global impactando a México

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bolsa china

La devaluación del yuan chino ocurrida en este mes ha sido de 3.3 por ciento, que aunque no es muy elevada en comparación a otras divisas, ha tenido un alto impacto en ese país, ya que fue inesperada y contraria a la posición de su gobierno de sostener la banda de flotación de su moneda, a pesar de la desaceleración y los desequilibrios que había acumulado. En los mercados se tomaron decisiones erróneas basadas en la estabilidad cambiaria (hecho que en México se conoce bien), lo cual provocará problemas a los bancos que vendieron coberturas cambiarias, así como a quienes financiaron créditos para la compra de acciones en la bolsa de valores y otros sectores más.

Esta devaluación manda una señal de que la situación económica en China, que es la segunda economía del mundo, puede estar en peor situación de lo que se percibía. Por lo mismo sus importaciones serán menores en los siguientes meses, con lo que se perjudicará el precio mundial del petróleo, de materias primas y metales, de granos y otros productos agrícolas, así como de componentes manufacturados que realiza de países de la zona. Esto perjudicará a naciones que exportan estos productos, como son la mayoría de esa zona asiática, a varias latinoamericanas y a algunas africanas.

Un primer impacto ya ha sido la fuerte caída de la bolsa china de valores, que acumula 40 por ciento en los pasados tres meses y que ha arrastrado consigo, aunque en menor porcentaje, a la mayoría de las bolsas de valores de los países desarrollados y a otras más, incluida la nuestra.

México deberá ajustarse a un nuevo entorno internacional, muy diferente al que habíamos tenido en los pasados cinco años, cuando la política monetaria de Estados Unidos fue expansiva para superar el colapso financiero de 2009. La misma se caracterizaba por muy bajas tasas de interés y fuerte expansión del crédito en dólares, lo que a su vez propiciaba importantes flujos de inversión a nuestro país, tanto directa como de corto plazo. Esta expansión monetaria permitió que se recuperara el crecimiento económico en ese y otros países desarrollados, a pesar de sus elevados y crecientes montos de deuda. Esto promovía el comercio internacional, pero elevaba los precios de diversas materias primas, del petróleo y de diversos productos agrícolas.

A partir del final del año pasado, la Fed norteamericana suspendió el llamado “Quantitative Easing” o QE, que era el programa de adquisición de bonos de deuda en el mercado abierto, para incrementar la cantidad de dinero en circulación. Esta disminución se empezó a notar desde el inicio del año en distintos sectores, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo.

Como reflejo de la nueva política, el escenario económico mundial será muy diferente en los siguientes años, ya que se caracterizará por menores flujos de capitales hacia nuestro país, tanto de inversión extranjera directa, pero sobre todo de capital de corto plazo. También habrá precios más bajos por nuestras exportaciones de petróleo, de productos minerales y otras materias primas. Además, el crédito externo a las empresas mexicanas y al gobierno será más escaso y por ende a mayores tasas de interés. Todo lo anterior se reflejará en una menor cantidad de dólares en el mercado cambiario con lo que el peso mexicano se mantendrá débil durante un tiempo más largo del previsto.

En este escenario, una política nacional de reactivación del gasto público corriente se reflejaría en mayores presiones sobre el déficit fiscal y el tipo de cambio, que tendrían un efecto opuesto al buscado. Una mejor estrategia para lograr crecimiento económico sería por medio de mayor inversión pública y privada, así como de fomento al ahorro interno para sustituir al externo. La mayor inversión se logra creando condiciones de menor regulación e impuestos, así como reduciendo la corrupción y trámites que la dificultan.

* El autor es economista.

Correo: benito.solis@solidea.com.mx

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