Opinión

Sigrid Kaag: El reto del desarme sirio


 
Ya empezaron a surgir, preocupantes, las declaraciones resentidas y revanchistas en Washington que ponen en duda el éxito del desarme químico sirio y quieren buscar pretextos para desarrollar de nueva cuenta los planes bélicos que amenazaron con incendiar Oriente Medio en octubre.
 
Ahí está, por ejemplo, el inexperto canciller John Kerry, quien ha manifestado que al margen de la destrucción del arsenal de Siria, como se acordó con Moscú luego del supuesto “ataque” con gas sarín a un barrio de Damasco en poder de los rebeldes ––que Moon of Alabama y Asia Times atribuyen a una operación desesperada de la inteligencia saudita––, el objetivo de Estados Unidos sigue siendo remover del gobierno al presidente Bashar el Assad.
 
 
Por su lado, la nueva embajadora en Naciones Unidas, Samantha Power, “cautelosamente dio la bienvenida a la eliminación del equipo especial para la producción de armas químicas”, apunta Voice of America, al expresar que corresponde al régimen cumplir lo pactado, pues “todavía no hay nada que celebrar”.
 
 
Avance
 
El martes, sin embargo, Sigrid Kaag, secretaria general asistente en el Programa de Desarrollo de la ONU y jefa de la misión para el desarme, confirmó que sus hombres ya visitaron 23 de los 25 puntos declarados por Siria para el almacenamiento de agentes químicos, mientras que espera en breve visitar los dos restantes cuando las condiciones de seguridad lo permitan. Para el día 15 deberá estar listo asimismo un acuerdo para destruir más de mil toneladas del arsenal, proceso que necesariamente tendrá que realizarse en el exterior.
 
 
Hasta ahora, sin duda, Kaag ha cumplido con una tarea que se auguraba más complicada. Filósofa y experta en relaciones internacionales, esta diplomática neerlandesa de 52 años, casada con Anis el Qaq, exembajador palestino en Suiza, posee una amplia trayectoria en Oriente Medio y parece tener el temple para resistir las duras presiones que EU y sus aliados lanzaron a los inspectores de armas previo a la invasión de Irak. Sobre todo, cuando los ojos de los medios se han enfocado en Damasco, pero no en el misterioso cargamento de sulfuro y otros productos químicos que podrían emplearse como armas incautado el sábado en la frontera turca, uno de los refugios favoritos de los fanáticos de Al Qaeda apoyados por Washington y El Riad.