Opinión

Siete prácticas para el aprendizaje del inglés

Jennifer L. O’Donoghue*
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Aula de cómputo. (Cuartoscuro/Archivo)

El inglés, como una de las principales lenguas francas de nuestra época, que impulsa el desarrollo de competencias no sólo cognitivas, sino también sociales, emocionales y ciudadanas, forma parte de nuestro derecho a aprender. Sin embargo, la evidencia demuestra que actualmente estamos lejos de ver el ejercicio pleno y equitativo de este derecho en México: 97 por ciento de los egresados de secundaria no alcanzan el nivel previsto en el plan de estudios de la SEP, 86 por ciento de las escuelas no cuentan con un maestro de inglés, y persiste una visión de México como país monolingüe.

Cambiar esta situación, poner a México en un camino distinto, un camino que empodere a sus ciudadanos y abra la posibilidad de que sean partícipes en el mundo a su alrededor, no es una tarea fácil ni de corto plazo. Requiere de acciones simultaneas, tanto a nivel macro como micro, que deben involucrar a actores del sector público y privado, así como de la sociedad civil, la academia y organizaciones internacionales.

En nuestro estudio "Sorry: el aprendizaje del inglés en México", recuperamos prácticas en la enseñanza y el aprendizaje de este idioma que, aún cuando se han desarrollado en otros contextos, nos permiten imaginar alternativas para enfrentar los retos presentes en el nuestro con el fin de fomentar el máximo logro de aprendizaje entre nuestra población joven.

En este espacio, de manera muy breve, presento siete prácticas que apoyan no sólo el aprendizaje de otro idioma, sino también el desarrollo integral de las personas y la construcción de sociedades interculturales y plurilingües.

1) Una clara política de Estado: para guiar las decisiones y acciones necesarias a mediano y largo plazos.

2) Una estrategia integral de implementación: para identificar no nada más a dónde queremos ir, sino también cómo llegar allí́, con un plan de supervisión continua y posibilidad de realizar ajustes cuando sean necesarios.

3)  La recopilación y publicación de información confiable y de alta calidad: para que podamos entender el contexto, los recursos disponibles y los faltantes, las metas y los alcances de nuestros esfuerzos.

4)  La participación ciudadana: para colaborar en la definición de problemáticas y prioridades, así como en la implementación y monitoreo de soluciones.

5) Una estrategia rigurosa de selección y formación de maestros: para certificarlos en el dominio del idioma y asegurar que tengan las herramientas pedagógicas para enseñar en dicha lengua.

6)  El uso efectivo de las tecnologías de información y comunicación (TIC): para contar con herramientas de apoyo para la enseñanza y el aprendizaje.

7)  Estrategias pedagógicas efectivas: para propiciar tanto la reflexión como la comprensión y comunicación intercultural; más allá de aprender un idioma, para aprender en ese idioma.

Estas prácticas se derivan de un mosaico de experiencias exitosas implementadas en México y en otras partes del mundo que nos enseñan que el cambio sí es posible (ver www.mexicanosprimero.org para más detalles).

Los retos en México son mayores, pero si otros lo pueden hacer, nosotros también. Nuestras niñas, niños y jóvenes –que pasan hora tras hora sin aprender, y nuestros maestros que no cuentan con el apoyo necesario– exigen respuestas. Ya es hora de poner manos a la obra para que el inglés deje de ser privilegio de pocos y se convierta en derecho de todos.

* La autora es directora de Investigación de Mexicanos Primero.

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