Opinión

Sí, que aterricen
vía Las Lomas

Qué sacalepuntas nos salieron los vecinos de Las Lomas, Huixquilican y demás colindancias pudientes de la Ciudad de México que han organizado un alboroto y medio porque no les gusta que los aviones que aterrizan en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México realicen la aproximación a su aterrizaje pasando por encima de sus casas, lo que les ocasiona ruido y molestias a su tranquilidad. Zen quieren ser.

La autoridad tomó la determinación correcta al modificar la radial 160 con la que solían aproximarse las aeronaves a su aterrizaje. Alejandro Argudín, el director general de Aeronáutica Civil, debe mantenerse firme en la nueva ruta. Él es la autoridad. Los vecinos no.

Llama la atención que ante la externalidad negativa de un bien público cualquier vecino puede opinar sólo porque le molesta el ruido. No comprendo cómo una señora que lleva a sus niños a la escuela en una camioneta BMW de un día a otro se vuelve experta en patrones de vuelo y le dice a la autoridad por qué el aterrizaje tiene que regresar a la ruta anterior. Claramente la autoridad argumentó razones de seguridad para modificar la ruta.

La residencia oficial de Los Pinos estaba en el rango inmediato de la ruta original en la radial 160. Cuando uno llegaba en un vuelo, claramente se miraba por la ventanilla la casa presidencial, o se pasaba encima de ella. En un mundo donde el terrorismo se finca sobre fundamentalismos ideológicos irracionales que originan actos como los que observamos el 11-S, es prioritario eliminar tentaciones futuras que puedan implicar un riesgo similar para México, más aún cuando la casa presidencial y el jefe del Estado mexicano pudieran entrar en ese rango de riesgos.

Los vecinos de Las Lomas, encabezados por el extranjero Dennis Stevens, son demasiado exquisitos. Otros vecinos a los que también les afecta el ruido en la misma radial no se quejan como ellos. No obstante, los de Las Lomas sí que tienen dinero. Incluso podrían ver este episodio como una oportunidad para remozar sus inmuebles, comprar ventanas duovent, y aislarlas sonoramente.

Que la ruta anterior haya acumulado 40 años no es razón para que se quede así. Si el país evoluciona, el aeropuerto será potenciado y habrá más rutas. Todo debe evolucionar. En un país desarrollado los bienes públicos deben ser aprovechados cada vez más productivamente; pero ese aprovechamiento necesariamente genera externalidades, para lo cual es la información técnica —y no los vecinos—, el criterio que debe prevalecer.

Dicen los vecinos que no duermen, y que los aviones hacen un ruido escandaloso. Qué pena. Pueden comprar Nytol de GlaxoSmithKline. También existe la valeriana para remediar su mal.

Twitter: @SOYCarlosMota