Opinión

Sí pasa algo

 
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Cinco consecuencias de la llegada de Trump.

Durante meses vimos las agresiones de Donald Trump hacia básicamente cualquier grupo que no formara parte de la minoría blanca.

Los mexicanos fuimos escogidos como blanco y recibimos cualquier cantidad de insultos. Nos sentimos ofendidos en el papel y en las redes sociales, pero no hicimos nada frente a la ofensa continua y permitimos que los insultos y las amenazas escalaran.

Se escuchaban voces simultáneas. Por un lado, el miedo de que llegara a la presidencia de Estados Unidos –por todas las razones que nos unen a ese país– y por otro, una voz de incredulidad frente a la posibilidad de que lo lograra. Nos daban miedo sus discursos anunciando deportaciones masivas, medidas proteccionistas que dañarían terriblemente a la economía nacional y los desplantes racistas que incentivaría. Al mismo tiempo, pensábamos que algo pasaría que impediría que llegara al poder.

La pesadilla se hizo realidad y ahora escucho voces que la minimizan.

Leo y escucho cada vez con más frecuencia que no pasará nada. Se cita el discurso de aceptación de la semana pasada como ejemplo de la moderación en su tono. El que ya no diga que meterá a Hillary Clinton a la cárcel se toma como prueba de su mesura.

Como durante la administración de Obama se deportaron a 2.8 millones de mexicanos migrantes indocumentados, se minimiza la amenaza de Trump de deportar a todos. En sus más recientes apariciones, el presidente electo ya no ha dicho que deportará a todos los indocumentados, pero sí ha dicho que deportará a entre dos y tres millones que tengan antecedentes penales. Las voces que perciben una suavización del discurso sugieren que como a Trump le dan igual los números e inventa las cifras, la deportación será menor. No hay tantos migrantes indocumentados con antecedentes penales, el Instituto de Política Migratoria (un think-tank especializado en el tema) sugiere que debe de haber alrededor de 820 mil migrantes indocumentados con antecedentes penales. Menos de los que ha deportado Obama. No hay claridad sobre el tipo de antecedentes a los que se refiere, ni siquiera si sólo habla de migrantes ilegales o incluye a legales con antecedentes.

En el ámbito económico y comercial, parece también que nuestra interpretación, previamente ominosa, de las repercusiones de un triunfo de Trump, ahora es casi optimista. Dentro de la aún enorme ambigüedad de sus políticas económicas, lo que ha repetido continuamente es que bajará impuestos y dedicará más recursos a construir infraestructura. Política fiscal doblemente expansiva que podrá darle a la economía estadounidense un impulso y sacarla de la lenta recuperación que ha vivido en los últimos años.

Hay un ánimo optimista en los analistas económicos en Estados Unidos.

Los pronósticos de crecimiento han aumentado y ahora se calcula un crecimiento de 2.2 por ciento para 2017 y 2.3 para 2018. Se estima una inflación por arriba de 2.0 por ciento, logrando la ansiada meta mediante un mayor gasto público. Ambos temas tienen que pasar por el Congreso, por lo que, aunque éste esté bajo control republicano, podrá tomar más tiempo. No consideremos, por el momento, el impacto en las finanzas públicas de estas medidas.

En ese sentido, México se vería beneficiado. Considerando que 80 por ciento de nuestras exportaciones tienen a Estados Unidos como destino (aunque en algunos estados rebasa 90 por ciento), si a Estados Unidos le va bien, a nosotros también.

La forma en la que México capturaría parte del beneficio de esa probable política fiscal de Estados Unidos sería vía comercio. Es ahí donde está el riesgo. Si Estados Unidos decide salirse del Tratado de Libre Comercio, poner aranceles o cuotas a las importaciones o cualquier medida proteccionista, repercutirá en enormes consecuencias para la economía mexicana. Las regiones que más han crecido en el país y que más se han desarrollado son las que están vinculadas al resto de Norteamérica.

Es un vínculo que con el paso del tiempo ha transitado del mero comercio a una integración en las cadenas productivas entre los tres países.

La amenaza proteccionista está ahí. Hoy pensamos que no puede suceder. Trump no podrá restringir el comercio porque no será fácil romper la profunda integración existente, sin enormes costos también para la economía estadounidense.

Tampoco podrá hacerlo porque enfrentará enorme oposición de las empresas afectadas. Trump enfrentará miles de obstáculos regulatorios que le impedirán cumplir sus promesas de campaña. Trump es un negociador, su ímpetu anticomercio fue sólo para atraer a votantes potenciales.

Los nombramientos iniciales y sus elecciones de candidatos para diversos puestos muestran que todo puede pasar.

Nuestro error será pretender que la amenaza no existe, creer que no puede hacerlo y apostarle a que algo lo impedirá. No pretendamos que no pasa nada, porque puede pasar mucho.

Valeria Moy es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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