Opinión

Sí al TTP y a China

  
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me TPP

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. La frase se le atribuye a Porfirio Díaz, pero es de Nemesio García Naranjo. Lo cierto es que durante los siglos XIX y XX hubo sobradas razones para repetirla como una maldición. Desde la guerra de 1846-48 hasta la invasión de Veracruz en 1914, nuestro antiyanquismo tenía (y vuelve a tener) razones más que fundadas.

El gran giro ocurrió durante el gobierno de Salinas de Gortari cuando se vendió la vecindad no como un infortunio, sino como una oportunidad. El TLC crearía una zona de prosperidad y mayor integración en América del Norte. No sólo eso, la apertura económica tenía como contrapunto natural la reforma política. No por casualidad el TLC y la alternancia política adquirieron carta de ciudadanía en el mismo sexenio.

Todo el proyecto de reforma fue y es de apertura económica total. Los beneficios han sido reales, pero también insuficientes. Una economía dividida en empresas de alta tecnología e inversión y otras pequeñas e informales, apenas capitalizadas, con una tasa de crecimiento mediocre.

Por otra parte, el modelo de economía abierta, que lleva 22 años, aceleró la integración de los procesos de producción entre México y Estados Unidos, con un efecto colateral patente: la asimetría de la relación se multiplicó por 'n' veces y puso a México en una situación frágil. El nuevo secretario de Comercio, Wilbur Ross, lo expresó lapidariamente: “Cuando uno es el cliente de 80 por ciento (de las exportaciones) de alguien, ¿realmente peleará conmigo? No, va a negociar”.

No hay vuelta de hoja. Estados Unidos (EU) tiene el sartén por el mango por dos razones fundamentales: la expresada por Ross y su corolario: si el TLC se abroga, México enfrentará una situación muy complicada, en tanto que EU sufriría algunos problemas en materia de empleo, en algunas cadenas de producción y en algunas regiones.

La importancia estratégica de México era nuestra principal defensa como socio comercial. A nadie le conviene tener una frontera de tres mil kilómetros con un vecino inestable. Pero este cálculo elemental no sólo no es considerado, sino que además Trump ha identificado a los inmigrantes ilegales como un peligro para EU. De ahí la solución: la deportación masiva y la construcción del muro en la frontera.

Además, la tesis de America First y la revisión del TLC, así como la imposición de un impuesto de 35 por ciento a las empresas que salgan de EU, echan por tierra el principio básico de cualquier acuerdo comercial: crear una zona que incremente la productividad y el volumen del comercio.

México, sin embargo, tiene al menos dos resguardos: primero, ser el segundo destino de las exportaciones de EU; y segundo, la articulación de los procesos de producción, que hacen imposible cerrar la frontera sin poner en cuestión ciertas cadenas productivas –particularmente en la industria automotriz.

Pero es posible que nada de esto sea suficiente. Trump y Ross pueden decidir renegociar el TLC, a pesar de esas consideraciones. De ahí que la estrategia debe ser enfrentar el vendaval, lo mejor posible, pero abrir otras alternativas. La decisión de continuar con el Tratado de Asociación Transpacífico (TTP) es sin duda correcta y se debe complementar con un acercamiento con China.

Dicho de otro modo, la mano que acaba de tender el embajador Chino a México debe ser estrechada. De manera tal, que la iniciativa de revisar el TLC corra paralelamente al acercamiento con la potencia oriental. A Trump y la clase política estadounidense debe quedarles claro que México no pide caridad ni gracia. Y que su cerrazón tendrá consecuencias en el mediano y largo plazos.

En los tiempos de globalización e internet las distancias son otras y modulan los destinos geográficos de las naciones. Más aún, cuando, bajo Trump, EU es una potencia en repliegue y China está deseosa de ocupar nuevos espacios y establecer alianzas. Es hora de voltear al resto de América, incluido Canadá, sin descuidar el TLC con Europa, y poner el acento en un mercado libre en el Pacífico.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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