Opinión

Shrader y Booz Allen Hamilton: una vieja relación de espías


 
Desde que reveló los alcances del espionaje norteamericano en las comunicaciones telefónicas y en Internet, a principios de mes, Edward Snowden y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) han concentrado los reflectores, pero existe una vieja y amplia historia menos conocida de vínculos entre la empresa para la que trabajó, Booz Allen Hamilton, y la "comunidad de inteligencia".
 
En The Guardian, el diario británico que exhibió las escuchas de la NSA en Verizon, uno de los gigantes de la telefonía en Estados Unidos, Pratap Chatterjee recuerda que James Clapper, director de Inteligencia Nacional que acusó de "traición" a Snowden, fue vicepresidente de Booz Allen Hamilton en 1997-98, olvidando ahora que ahí ya se perpetraron violaciones a la "sagrada confianza del país": apenas en febrero de 2012, la Fuerza Aérea (USAF) decidió excluir a la firma de sus contratos, luego de descubrir que Joselito Meneses, exvicejefe de información tecnológica de la USAF, le entregó un disco duro con datos confidenciales sobre un competidor en su primer día de trabajo para Booz Allen en San Antonio, Texas.
 
El conflicto de intereses quedó zanjado al mes siguiente, con el despido de Meneses, una multa de 65,000 dólares y el reforzamiento del "código de ética" de Booz Allen, que había indemnizado al gobierno federal de EU con 325,000dólares en 2009 por inflar la tarifa de sus servicios para la Administración Aeronáutica y Espacial; tres años antes, la cuota que pagó por la misma irregularidad, junto a otras cuatro consultorías demandadas por la procuraduría general, sumó 3.3 millones de dólares.
 
Chatterjee destaca que el ingeniero eléctrico Ralph Shrader, director de Booz Allen, entró a la compañía en 1974, tras desempeñarse en Western Union y RCA, que participaron en el programa secreto de espionaje Minaret de la NSA por aquella época, interceptando telegramas y llamadas telefónicas. De hecho, la revelación del programa detonó audiencias en un comité selecto del Senado a cargo de Frank Church, quien reconocería que con las nuevas tecnologías "hay capacidad para una tiranía total".
 
Reservado
 
Reservado usualmente, Shrader resaltó no obstante a Financial Times en 1998 su experiencia en las telecomunicaciones y en las operaciones militares clasificadas, que le valió ascender al mando de Booz Allen y dirigirla "a través de un significativo periodo de crecimiento y realineamiento estratégico", según su biografía oficial.
 
El consorcio que encabeza, con sede en McLean, Virginia, fue fundado en 1914 por Edwin G. Booz y 99% de sus ingresos, que llegan en promedio cada año a 5 mil 800 millones de dólares, proceden del gobierno federal norteamericano. Es por ello que la agencia Bloomberg lo clasifica en el puesto 16 entre los "líderes de la industria" que trabajan para el sector estatal, con una nómina de 25,000 personas, 80 oficinas en EU y contratos suscritos con la Unión Internacional de las Telecomunicaciones, empresas y agencias públicas en Europa y América Latina.
 
El paso de Clapper por Booz Allen no es el único que demuestra los profundos lazos entre la cúpula privada y el espionaje estadounidense; el número dos de Shrader, John M. McConnell, también fue titular de Inteligencia Nacional y de la NSA tras jubilarse en 1996 como vicealmirante en la Armada. Entre los "miembros notables y alumnos" de la firma se cuentan, asimismo, George E. Little, vocero de la CIA, y Michael C. Mullen, comisionado asistente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.