Corrupción, ¿México mejor que España?
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Corrupción, ¿México mejor que España?

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Corrupción, ¿México mejor que España?

01/06/2018
Actualización 01/06/2018 - 15:29

Mariano Rajoy deja de ser hoy presidente de España. Hace ocho días se hizo pública la sentencia de la Audiencia Nacional estableciendo que su Partido Popular había desarrollado por décadas una red institucional de corrupción. Pedro Sánchez, líder opositor, logró los votos necesarios para que la mayoría en el Congreso votara contra el gobierno en una moción de censura. Hoy Sánchez será el nuevo presidente.

En España lo que llevó a la caída del gobierno fue el llamado caso Gürtel. El que ha sacudido a América Latina es Odebrecht. Éste motivó la renuncia del presidente de Perú y el encarcelamiento de un expresidente (otro está prófugo, otro más siendo investigado). También llevó a la renuncia del vicepresidente de Ecuador, y a la imposibilidad de que Lula da Silva sea otra vez presidente de Brasil.

En México, al renunciar como procurador general de la República, Raúl Cervantes anunció sobre Odebrecht: “En los siguientes días se harán las imputaciones correspondientes ante el Poder Judicial federal”. De esas palabras han pasado 226 días.

Por otra parte, han transcurrido 323 días del socavón en el Paso Exprés, obra inaugurada tres meses antes, que causó dos muertes. Y han pasado 268 días desde que se publicaron los primeros hallazgos de un esquema que se conoce como la Estafa Maestra. No es que algún alto funcionario haya renunciado o se le haya despedido, es que al parecer ninguno está siquiera bajo investigación.

Lejos quedaron los días en que el presidente Peña Nieto obligó a renunciar al procurador federal del Consumidor y al director general de la Comisión Nacional del Agua por abusos de poder que ahora parecen risibles. Lo que se ha acumulado desde entonces ha ido en paralelo: percepción de corrupción, sensación de impunidad y desplome de la popularidad presidencial. A ese último hundimiento contribuyó la defensa genérica del presidente de que la corrupción en México es algo cultural.

Corrupción es hoy una palabra en boca de todos, y una razón de muchos para votar contra el PRI en 30 días. Si dicho partido se desploma en las urnas en parte será porque muchos ciudadanos se sintieron defraudados por el desempeño (más bien falta de desempeño) en su combate. No importa la valía personal y calidad de propuestas de su candidato.

La ironía final es impresionante: el puntero en las encuestas se ha rodeado de personas igualmente sospechosas de corrupción, incluyendo muchas emanadas del propio PRI, y quien ha declarado llanamente que el problema desaparecerá de inmediato gracias a su probidad personal. El candidato que le sigue en las intenciones de voto fue acusado por el gobierno, con una prontitud y publicidad inusitadas, de lavado de dinero.

España es un país rico, México uno pobre. Mucho se explica por instituciones que llevan a que un gobierno sea investigado a fondo y eventualmente caiga. Por otro lado, la carencia de ellas que llevan a que no pase absolutamente nada. O igual es que en México no hay corrupción.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.