Opinión

¿Será suficiente?

 
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De manera intempestiva, a mediados de la semana pasada, las autoridades responsables de la política económica mexicana decidieron finalmente actuar para tratar de estabilizar los mercados y la economía, al anunciar la aplicación de un conjunto coordinado de medidas de política económica. Estas incluyen el recorte del gasto público en 2016 y 2017, el aumento de la tasa de interés de referencia en medio punto porcentual y el cambio del mecanismo de subasta de divisas de un sistema programado a uno de ventas discrecionales.

Si bien dichas medidas representan un avance con miras a preservar o recuperar la estabilidad macroeconómica y financiera del país, difícilmente constituyen la solución a los problemas que estamos enfrentando.

Es un avance porque de manera implícita hay un reconocimiento por parte de las autoridades de una realidad que sistemáticamente se ha venido negado: la economía está viviendo una situación crítica provocada por la indisciplina fiscal y el exagerado endeudamiento público. La magnitud de los ajustes da cuenta de lo grave de la situación y hace notar que los fundamentos macroeconómicos mexicanos no son tan sólidos como se ha venido pregonando. Lo bueno, es que finalmente se ha decidido enfrentar este problema, pero ¿son suficientes estas medidas?. Parece que no. Al menos todo parece indicar que el camino de su instrumentación no va a ser fácil.

Para empezar, el primer problema que van a enfrentar las autoridades de la Secretaría de Hacienda es uno de credibilidad, relacionado con dos factores: uno, el hecho de que dicha secretaría es en buena medida la responsable del problema que estamos viviendo; y, otro, la relativa incredulidad de los agentes respecto a si efectivamente se van a llevar a cabo este año los recortes que se han anunciado.

Al respecto, hemos comentado ampliamente que en 2015 la secretaría de Hacienda no llevó a cabo el recorte en el gasto público que había prometido realizar en enero de ese año. Por el contrario, aprovechó la bonanza que se observó en los ingresos públicos para ampliar el gasto por encima de lo programado, en lugar de arreglar el problema fiscal. Esto es lo que llevó, aunque con cierto retraso, a las autoridades del Banco de México a afirmar en su reunión de inicios de febrero que “la expansión del gasto corriente por arriba de lo presupuestado y la ausencia de un mayor ajuste en 2015 no parecen dar señales adecuadas en el difícil entorno actual y previsible”.

Por otro lado, resulta lógico preguntar si en 2015 no se llevó a cabo el recorte del gasto público que se había prometido, ¿qué asegura que ello vaya a suceder 2016?. Nada. Lo único que queda es pagar por ver o ver para creer. Conste que en este punto no hemos tocada para nada el tema del sindicato de Pemex.

Por otro lado, se debe mencionar que el aumento de la tasa de interés de referencia representa un cambio radical de opinión del gobernador y los funcionarios del banco central, quienes días antes habían acordado por unanimidad no modificarla, pese a que tenían conocimiento de que la indisciplina fiscal estaba afectando los indicadores de riesgo del país y al tipo de cambio. Al respecto, un miembro de la Junta comentó en la reunión de política monetaria del 4 de febrero que “el riesgo de una depreciación más profunda del peso frente al dólar de hecho ya se ha materializado, por lo que podría haber aumentado el peligro de efectos de segundo orden”. Pero no sólo eso, el gobernador dijo en una conferencia que si la secretaría de Hacienda no recortaba el gasto público, incluyendo Pemex, el banco se vería obligado a aumentar la tasa de interés.

Al final, pese a que se anunció el recorte del gasto público, de todos modos se agregó el incremento en medio punto porcentual en la tasa de interés de política. ¿Qué significa esto?. En estricto sentido económico, podría indicar que ahora sí el banco está viendo un peligro inflacionario por el lado del traspaso de la depreciación del tipo de cambio a los precios. Si es así, se justifica el cambio de opinión, sobre todo teniendo en cuenta que el aumento de las tasas va a afectar a las finanzas públicas no sólo por el alentamiento económico que va a provocar, sino también por el encarecimiento del servicio de la deuda pública.

La otra medida importante que se dio a conocer es el cambio en el mecanismo de subasta de divisas, mismo que pasó de un sistema previamente programado a uno discrecional que, aunque no se quiera admitir, necesariamente tiene implícito un patrón de actuación, lo cual querría decir que a la libre flotación del tipo de cambio se le ha puesto un límite, mismo que podría estar sobre los 18.75 pesos por dólar, que es la cotización del dólar que imperaba antes de que el Banco de México empezara a vender divisas a través de algunos bancos. Aunque no se crea, y sin darnos cuenta, el mercado cambiario mexicano ha entrado a un sistema de control que obligará a las autoridades a desembolsar grandes cantidades de divisas con el objeto de preservar un “tipo de cambio objetivo”. ¿Alcanzarán las divisas de las reservas para el logro de este fin? Obviamente no. Sin querer, todo parece indicar que hemos entrado a un terreno pantanoso.

Finalmente, un elemento que también ha causado extrañeza es el hecho de que el Banco de México haya decidido no publicar la minuta de la reunión extraordinaria de política monetaria que se llevó a cabo el martes de la semana pasada, siendo una reunión de carácter trascendental y en donde se tomaron decisiones importantes para el futuro de corto plazo de la economía. ¿Qué indica esto?

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