Opinión

Será muy complicado invertir en 2016

 
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[Bloomberg] Alarmantes tasas de desocupación entre los jóvenes: FMI. 

Estoy seguro de que las perspectivas de largo plazo de la economía mundial son extraordinariamente halagüeñas. Me baso en la certeza de que la trascendental revolución tecnológica que vivimos tendrá un efecto muy positivo en la generación de riqueza que permitirá mucho mejor ingreso en general -no sólo para los más acomodados- y menores jornadas laborales. No sólo veremos un salto en la esperanza de vida, sino una mejor calidad de vida a todos los niveles. El impacto positivo de esta nueva revolución industrial sólo tiene precedente cuando comparamos el impacto que nuevas tecnologías como la máquina de vapor lograron hace un par de siglos. Como entonces, el camino para llegar a ese nuevo mundo no estará exento de arduos ajustes.

En la próxima década será necesario un proceso de digestión de la enorme capacidad instalada que fue financiada con crédito casi regalado, que provino de políticas monetarias excesivamente laxas de bancos centrales de países industrializados.

Las expectativas de crecimiento económico para los próximos años son mucho más moderadas que antes. El FMI hoy espera que en 2020 la economía estadounidense será 6.0 por ciento menor de lo que se creía en 2012.

La economía china será 14 por ciento menor. Ante la expectativa de bajo crecimiento, los inversionistas tienden a evitar el riesgo y las empresas reducen sus planes de inversión.

Será extraordinariamente difícil rentabilizar portafolios de inversión. La enorme liquidez estimulada por los bancos centrales buscó resguardo en diferentes mercados de activos en los últimos años. La demanda por acciones, por inmuebles y por obras de arte ha sido históricamente alta.

Ante la falta de rendimiento en mercados tradicionales de bonos, los ahorradores se refugiaron en bonos chatarra y en mercados emergentes (tanto de acciones como de bonos). Ambos han presentado bajas importantes.

La fuerte caída reciente en los precios de bonos de baja calidad crediticia (bonos “chatarra”) es particularmente preocupante. En general, esta clase de activo es la primera que cae en momentos en los que los inversionistas empiezan a rehuir al riesgo. Eso es lo que pasó en 1987, 1994, 2000 y 2007, cuando una caída en ese mercado fue el preámbulo a ajustes en el mercado accionario.

La valuación del mercado accionario estadounidense no parece ser una “burbuja”, pero las expectativas de crecimiento de las utilidades que generarán las empresas que cotizan en bolsa son relativamente bajas.

Esto responde no sólo al hecho de que la demanda mundial parece desacelerarse, sino también a las dificultades que empresas multinacionales enfrentan por el fortalecimiento del dólar. Aunque logren mantener volúmenes de venta en sus mercados globales, éstas se traducen a menos dólares, por la revaluación de esa moneda.

La falta de apetito por riesgo, combinada con la crisis que presentan grandes economías emergentes, ha llevado a que se revierta el flujo que venía de países desarrollados. Se estima que los flujos de entrada aumentaron de 240 mil millones al año en 2002 a 1.1 billones en 2014, pero que ahora ha regresado un billón de dólares. Este es uno de los principales motivos por los que hemos visto devaluaciones importantes en muchas monedas desde el real brasileño hasta el rublo, pasando por los pesos mexicano, colombiano y chileno.

Considerando que el endeudamiento en moneda dura de empresas no financieras en mercados emergentes aumentó de 1.7 billones en 2008 a 4.3 en 2015, deberíamos esperar que muchas empresas caerán en suspensión de pagos. Deben dólares y venden en moneda local, o deben dólares y venden en dólares bienes cuyos precios se han desplomado en los mercados internacionales, como sería el caso del petróleo y de otras materias primas.

Conforme muchos ahorradores pierdan el dinero invertido en deuda de baja calidad en Estados Unidos, o en deuda emitida en países no industrializados, evitarán tomar riesgo y aumentarán su propensión marginal a ahorrar. En ese sentido, el envejecimiento de la población en los países que más ahorro acumulan, China incluida, llevará a que se reduzca el consumo y haya mucho menores niveles de inversión en los próximos años. La recaudación fiscal resultará también afectada. La disponibilidad de crédito también será menor, particularmente conforme los intermediarios financieros tengan que bregar con una regulación exponencialmente más compleja y cara.

Para México se vuelve indispensable acelerar la implementación de reformas, profundizar los cambios en materia educativa, aligerar trámites burocráticos para invertir, y particularmente combatir corrupción e impunidad. Es vital acelerar la inversión en instituciones, como vehículo imprescindible para distanciar a México de la categoría de país “emergente”. Esto es posible debido a décadas de política económica responsable en manos de tecnócratas capaces. No será menor el descuento que se le aplicará a las inversiones en países que tengan esa etiqueta, crecientemente indeseable.

Twitter: @jorgesuarezv

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