Opinión

Será difícil que México crezca en un mundo estancado

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DF

Imagine que usted decidiera vivir como rico por un rato. Es posible, siempre y cuando tenga acceso a tarjetas de crédito (o a otra forma de endeudamiento). Puede vivir muy por encima de la capacidad natural que proveen sus ingresos, mientras le dure el crédito. El problema será que después de ese “rato”, tendrá que vivir por debajo de esa capacidad, pues parte de su ingreso tendrá que destinarse al pago de la tarjeta y de los intereses de la misma.

En los países pasa lo mismo. Gobiernos y familias pueden vivir más allá de sus recursos endeudándose, pero no pueden hacerlo en forma indefinida. A diferencia de una persona o una familia, si un gobierno incurre en endeudamiento en moneda local, México endeudándose en pesos por ejemplo, existe al menos la posibilidad de que el banco central “imprima pesos” para pagar la deuda, lo cual ocasionará otros problemas como devaluaciones e inflación.

Podríamos afirmar que uno de los motivos por los que no se sintió tanto el golpe de la crisis de 2008, la mayor crisis económica desde la Gran Depresión de los años treinta, es porque países como China incrementó su endeudamiento total de 1.4 veces el tamaño de su economía en 2008 a 2.5 veces en este momento. La deuda del gobierno japonés ha aumentado de 35% de su PIB en 1989 a 240% ahora. El endeudamiento del gobierno de Estados Unidos es ya prácticamente del mismo tamaño que su PIB.

Arrastrar endeudamientos tan altos es posible en entornos de tasas de interés muy bajas. Estados Unidos lleva una década con las tasas de interés más bajas en su historia. Sin embargo, podemos afirmar con certeza absoluta que éstas van a subir algún día, no sabemos cuándo, pero probablemente cuando menos se espere. Si a este fenómeno le agregamos el envejecimiento de la población en países desarrollados e incluso en China, llegaremos a la conclusión de que vamos a ver muchos años de crecimiento económico mundial inusualmente bajo.

Esto generará enormes problemas porque mucha gente tendrá que reducir su consumo cuando se dé cuenta de que su ahorro no alcanza para permitirles mantener su estilo de vida. Será muy difícil obtener rendimientos razonables si los mercados de valores pierden el ímpetu que proviene del crecimiento económico, y si además los mercados de bonos sufren por tasas de interés al alza. Recordemos que el rendimiento de un bono es inversamente proporcional a su precio.

Llevamos décadas con tasas a la baja, es decir precios de bonos al alza, ahora probablemente veremos décadas en el ciclo opuesto.
A nivel institucional pasa lo mismo. Un fondo de pensiones común y corriente en Estados Unidos hace cálculos actuariales en base a un rendimiento estimado de 8% al año, más o menos. La rentabilidad reciente es mucho menor, principalmente porque toda la inversión que se hace en bonos e instrumentos de deuda de alta calidad ha pagado tasas cercanas a cero. Los fondos de pensiones estatales muestran una acumulación de recursos muy inferior a lo que necesitarían para hacerle frente a las obligaciones que se les presentarán en forma creciente, conforme sus pensionados se acercan a edades de retiro.

En cierta forma, la agresiva política monetaria de los bancos centrales de países desarrollados ha provocado una colosal transferencia de riqueza de los bolsillos de los ahorradores a los del gobierno. Los primeros reciben tasas muy inferiores a la inflación, el segundo se financia a tasas extraordinariamente bajas.

En este entorno de bajo crecimiento global, sin embargo, países como México sólo podrán crecer si ganan participación en el mercado global. Es decir, crecerán a costa de los países que no lo hagan. Los países que lograrán una rebanada más grande del pastel global son aquellos que tienen condiciones demográficas favorables, como las que México tendrá todavía por una o dos décadas más, pero particularmente aquellos que logren potenciar la capacidad de su joven población, apuntalándola con educación, con condiciones favorables para invertir, con políticas que se aseguren de incluir al mayor porcentaje de la población (de cualquier género y clase social) en la fuerza laboral formal, que tengan reglas claras y un Estado de derecho que fomente inversión tanto local como proveniente del extranjero, que empoderen a una población capaz de generar ideas y emprender.

En México cometemos el error de siempre ver hacia adentro. Cualquier comparación internacional es vista con sospecha e incita al nacionalismo. Sólo a partir de esa comparación podremos evaluar si aumenta nuestra competitividad internacional. Sólo siendo más competitivos ganaremos participación en el mercado internacional. Sólo ganándola lograremos crecer más en un entorno de bajo crecimiento económico mundial. El peor escenario posible es que en un par de décadas tengamos una población vieja, sin ahorro suficiente, en un país sin competitividad o infraestructura.

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