Opinión

Sentir la vida

  
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Toreo

En esta vida estamos de paso, en esto sí que podemos estar de acuerdo, lo que es realmente trascendental es la forma y la manera en la que pasamos por ella. En el toreo la vida está marcada por la constante experimentación real de la posibilidad de morir; el miedo, ese sentimiento atroz que se apodera del cuerpo y que sólo algunos son capaces de dominarlo con la mente, nunca de olvidarlo, pero sí de dominarlo. Esto es el valor, saber que la muerte se encuentra en cada embestida del toro, que a la vez genera en el torero el inmenso placer de dominar al astado y convencerlo para juntos crear formas, ritmos y movimientos que embelesen la vida de los aficionados.

La emoción del toreo es una de las mas intensas que el ser humano puede expermientar, ya sea de forma práctica (el torero) o pasiva activa (el espectador). La absoluta verdad del espectáculo le otorga este factor de “único” al arte del toreo. ¿Por qué nos emociona el toreo? Me lo vengo preguntando desde hace ya mucho tiempo.

¿Cuánto de verdad hay en el toreo? Lo hay todo, la verdad absoluta en la majestuosidad del toro, de su apasionante crianza y el misterio de la bravura, de su impresionante capacidad de crecerse al castigo, de llevar con honor su esencia al embestir con todo el poder de su cuerpo tras la suavidad del capote, y con gran nobleza entregarse al mando de las yemas de los dedos de los toreros que se olvidan del cuerpo para sentir el toreo.

Tanto poder entregado a la suavidad de una tela, extensión del alma de quien viste de luces y se juega la vida, encontrando en el coqueteo con la muerte la esencia de su vida. Esta sublime emoción genera sensaciones de gusto, de contagio por la belleza de imágenes efímeras convertidas en esculturas eternas guardadas en la mente y en el corazón de los aficionados que fueron tocados por Dios para contar con esa sensibilidad especial de percibir el arte del toreo. Poetas y pintores, músicos y escultores, han intentado con sus herramientas interpretar el arte del toreo en sus disciplinas. El toreo genera arte, el toro veneración, y el torero admiración.

Quienes no lo perciben o no lo sienten, se arrancan los cabellos buscando una explicación, lanzando acusaciones atroces contra los que sentimos y gozamos la cultura de la tauromaquia.

Defender una pasión con valor y entregarse a un estilo y forma de ver la vida, hoy en pleno siglo XXI parece una osadía. Es ridículo, sentir la vida es un privilegio, la sensibilidad hacia la belleza, la admiración al toro y a su origen, su crianza y su capacidad de compenetrarse al ritual de la vida y la muerte como representación de la vida misma… No verlo es obviar la ignorancia. Toda vida tiene muerte, no hay eternidad en este mundo.

Los taurinos no somos pocos, es momento de llevar con orgullo nuestra forma de sentir la vida a través de los valores de la tauromaquia. El mundo se ha enriquecido culturalmente con esta forma de vivir, con esta forma de amar a los animales, de protegerlos, de respetarles su esencia. La humanización de las mascotas y de los animales viene de la mano de una campaña oculta por parte de la industria “mascotera”, que se alimenta de la bizarra relación entre el ser humano actual y los animales de convivencia.

El toreo es la más pura representación de la vida, de sus momentos, de su drama, de su belleza y de su tragedia. La inteligencia del hombre se impone ante el poder de la naturaleza, representada por el toro, su fuerza, su instinto y su superioridad inminente contra el torero en un enfrentamiento frente a frente. Este choque se transforma en arte, en equilibrio. Los que así lo vemos, sigamos fieles a nuestras costumbres y principios.

Twitter: @rafaelcue

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