Opinión

Señoras muy felices

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La carne es triste y Gil no ha leído todos los libros. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés pensaba en el placer. Así recordó un clásico: la mitad del mundo no puede entender los placeres de la otra mitad. Gil lo leyó en su periódico Milenio: Spout Pharmaceutical presentó una solicitud a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para la aprobación del Filbanserin, un fármaco que estimula el impulso sexual en las mujeres premenopáusicas.

“Los hombres tienen un buen número de opciones para la disfunción sexual, pero no tenemos una para las mujeres”, dijo Cindy Whitehead, consejera de la farmacéutica. La FDA ha rechazado en dos ocasiones la aprobación del Filbanserin para hacer frente al desorden hipoactivo del deseo sexual. El sólo hecho de pensar en el desorden hipoactivo del deseo sexual desvencijó el alma de Gil. En el amplísimo estudio se oyó un grito lastimero: ay, mis hiijooss. La farmacéutica ofrece en esta oportunidad más información sobre sus recientes investigaciones para validar la efectividad el medicamento que algunos ya han bautizado como el viagra femenino.

Para todo efecto teórico (ya quedamos en que si hay efectos prácticos, los habrá teóricos), imaginen, señoras, que se acaban aquellos pretextos desopilantes del dolor de cabeza, del sueño profundo, de las preocupaciones, de la astenia, de las lágrimas, de las estratagemas para evitar el encuentro indeseado. Antes al contrario, señoras, se toman la pastilla rosa y a darle a la matraca durísimo.

Por otro lado, o por el mismo (no empiecen), el señor deglute un Cialis y sobreviene el fin del mundo: la cama fuera de su lugar, las cortinas rasgadas, las paredes arañadas, la puerta del baño con un dramático hoyo en el centro. Lo que se dice un duelo de titanes. Ese sueño se acerca, se le ve a lo lejos, se otea (otear, gran verbo con reflexivo).

A ponerle
De acuerdo con los nuevos datos de los estudios de la compañía Spout Pharmaceutical, el medicamento logró aumentar el deseo en 53 por ciento de las mujeres examinadas, redujo sus quejas en 29 por ciento y dobló el número de relaciones sexuales satisfactorias en las 11 mil pacientes que experimentaron el medicamento. Lectora y lector, no es poca cosa, si por Gilga fuera, esa milagrosa medicina ya circularía en farmacias, tiendas autoservicio, tiendas conveniencia y almacenes de reconocido prestigio.

Grupos defensores de los derechos de las mujeres han aparecido en la escena. Los grupos que defienden derechos de todo y de nada siempre aparecen, los llamen o no los llamen. Terry O’Neill, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres de EU, estalló un petardo de género: “vivimos en una cultura que ha rebajado históricamente la importancia y el deseo sexual de las mujeres, y temo que sea esta actitud la que considere la salud sexual de los hombres como algo muy importante en detrimento de la de las mujeres”. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda y farfulló: no empecemos con los géneros y las géneras, eso sí desmantelaría el deseo sexual convirtiéndolo en un pigmeo.

Serotonina contra dopamina
Oigan esto: el fármaco diseñado para las mujeres, explica la nota de EFE desde Washington, no se basa en ampliar el riego sanguíneo a la zona genital, como con el Viagra, sino que busca estimular dos componentes químicos considerados factores de excitación sexual en el cerebro: la dopamina y la norepinefrina, y reducir un tercero, la serotonina, que contribuye a la disminución del deseo sexual. Que venga la dopamina y que se vaya la serotonina.

No le digan a nadie, pero antidepresivos muy eficientes contienen serotonina. ¿Lo ven? Todo se complica, caracho. Así las casas (muletilla hipotecada por el contratista número uno de Gil: Grupo Higa), si usted, señora, quiere estar en paz con su mente, debe tragar serotonina; no debería deglutir la pastilla si quiere estar en santa paz con su cuerpo y, en cambio, consumir dosis de dopamina (do-do). Un lío. Como diría Lenin: ¿Qué hacer? La verdad de las cosas, Gilga se la jugaba con la dopamina y que Dios decida desde las alturas. Ustedes, ¿qué harían?

La máxima de Wilde espetó dentro del ático de las frases célebres: “Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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