Opinión

Señales y atisbos hacia 2018

 
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Alfredo del Mazo Maza

La nominación de Alfredo del Mazo Maza, como candidato del PRI al Estado de México, y la reincorporación de Luis Videgaray Caso al gabinete presidencial, ahora como titular de la Cancillería mexicana, pueden interpretarse como señales del primer mandatario del país, Enrique Peña Nieto, rumbo a la sucesión presidencial en 2018, en la cual se perciben características de afecto, cercanía, lealtad, probidad y capacidad, requisitos que, sin duda, cubren a cabalidad los personajes aludidos.

En el caso de Videgaray, en más de una ocasión, al primer priista de la nación se le ha escuchado pronunciar palabras de afecto y cercanía a su subalterno, el cual se erigió en pilar fundamental en la acción de gobierno al grado tal que dentro y fuera de la residencia de Los Pinos se le identifica como “el número dos” y no ha faltado quien lo defina como el “vicepresidente”, condiciones que por supuesto no se perdieron por la intempestiva renuncia que en su momento presentó el entonces secretario de Hacienda ante la crisis de imagen y de opinión pública provocada por la reunión sostenida entre el presidente Peña Nieto y el entonces candidato republicano, Donald Trump, encuentro sugerido por él.

Más allá de un posible error cometido, la renuncia de Videgaray significó para el Presidente una prueba de lealtad, la cual, sumada a los otros elementos referidos potenciaron sus cualidades, pero también significaron el fortalecimiento y regreso de otros integrantes del equipo peñista en el juego de la silla, aquellos que en tiempos de bajos rendimientos económicos del país, de crisis interna en el equipo y entrega de magros resultados de gobierno, políticamente hablando parecían ya muertos.

En cuanto a Alfredo del Mazo, diputado federal con licencia, se habla mucho del parentesco familiar que éste tiene con el Presidente, pero lo que sin duda influyó en su nominación como candidato a la gubernatura mexiquense, es la cercanía con el primer mandatario. En los asuntos políticos y de gobierno encomendados, la lealtad mostrada por el joven del Mazo ha pasado la prueba.

Como presidente municipal de Huixquilucan fue exitoso y mostró capacidad para gobernar. También ha sido director del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras) y director general de Fomento a la Micro y Pequeña Empresa de la Secretaría de Desarrollo Económico y Secretario de Turismo del estado, estos dos últimos cargos cuando Enrique Peña Nieto fue gobernador del Estado de México. Además cumplió con creces las tareas asignadas como presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados, donde –en tiempo y forma– logró sacar adelante el paquete presupuestal y la Ley de Ingresos 2017. Alfredo del Mazo ya es candidato del PRI para la gubernatura mexiquense, Luis Videgaray está de regreso en el gabinete presidencial. Afecto, cercanía, lealtad, probidad y capacidad son requisitos que formarán parte del test que en su momento ejercite EPN cuando, ante la dirigencia de su partido, tenga que proponer a su sucesor y con esas características la baraja de nombres apenas llega a cuatro, el propio Videgaray, José Antonio Meade, Aurelio Nuño y Eruviel Ávila.

Claro, quienes dentro del tricolor aspiran con la nominación de la candidatura presidencial podrán reclamar tener derecho a esa posibilidad por el desempeño mostrado en sus funciones políticas y administrativas, por la lealtad a la investidura presidencial y probidad en el ejercicio público, sólo que no todos son cercanos y gozan de los afectos de quien manda, esa es la diferencia, y son, también, señales y atisbos para el 2018.

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