Opinión

Semana decisiva

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ME. Pemex: mucha tela de dónde cortar.

Esta semana inicia con dos temas de la mayor importancia. En México, la transformación de Pemex; en Estados Unidos, el supermartes. Para el país vecino, la elección presidencial es lo único que importa, realmente, durante el resto de este año. Para nosotros, además de Pemex, está el tema anticorrupción. Frente a esos dos, cualquier otro asunto palidece.

Primero, los vecinos. Mañana hay elecciones primarias del Partido Republicano en 13 estados, que aportan 689 delegados para la convención de julio. Para tener una idea más clara, el total de delegados en esa convención es de dos mil 472. Hoy, después de cuatro estados, el puntero Donald Trump tiene 82 delegados. Los dos competidores reales, Marco Rubio y Ted Cruz, tienen 16 y 17, respectivamente. En otras palabras, hasta el momento no hay nada. Texas repartirá 155 delegados, Georgia 76 y Tennessee 58. Nada más con esos estados, todo puede cambiar. En las encuestas del domingo, Cruz lleva Texas, Georgia está muy cerrada, y Tennessee es de Trump, pero los porcentajes cuentan, y más cuando ha empezado (¡por fin!) el ataque a Trump. En el último debate ya le echaron en cara a los inmigrantes que contrata en sus empresas, los impuestos que no paga (y la declaración que no hace pública), el origen de su riqueza y varias cosas más, que ahora aparecen en spots y reportajes. Esto debió pasar antes, pero los demás candidatos menospreciaron el potencial del diletante.

Esta lentitud ha servido para hacer evidente un fenómeno que lleva ya una década: grupos importantes de personas que han sufrido seriamente los cambios de los últimos treinta años, que no pueden encontrar respuesta en la política tradicional, y que buscan opciones. Su característica común es el miedo: al otro (racismo), al mercado y la tecnología (antiinmigrantes y antilibre comercio), al futuro en general. Es a ese miedo al que le habla Trump. Parecen ser uno de cada tres republicanos, cuando mucho, pero le sirven a este candidato para ir en primer lugar porque los demás han preferido atacarse entre ellos. Destaca el humillante respaldo que Chris Christie ha anunciado para Trump, fruto de su odio a Cruz y Rubio. De esas bajezas se alimenta el populismo, como ya deberíamos saber.

Para nosotros, hay dos temas este año. Uno es el aterrizaje del Sistema Nacional Anticorrupción, que como usted sabe es una especie de obsesión de esta columna. Es la primera herramienta seria que podemos tener para atacar éste que dicen que es el principal problema de México. Es un sistema producto de la propuesta de la sociedad civil, que ahora impulsa una de las dos leyes determinantes para su aplicación: la Ley de Responsabilidades Administrativas, mal promovida como ley 3 de 3. Haga usted caso omiso de ese nombre, pero entre a 3de3.mx, imprima el formato para firmar, y consiga con su familia o colegas la mayor cantidad de firmas posible. Necesitamos 120 mil para convertirla en la primera iniciativa ciudadana, que el Congreso deberá atender. Es histórico en dos sentidos: por ser ciudadana, y porque nosotros vamos a decirle a los políticos que no queremos más corrupción. Si no somos capaces de decirlo con 120 mil firmas, mereceremos seguir siendo uno de los países más corruptos del mundo, y la inmensa mayoría de los mexicanos quedará como alguno de los estereotipos que nos endilgan: simples habladores, incapaces de actuar, yo diría cobardes, desidiosos y fanfarrones. Si no le gustan los adjetivos, firme.

Y hoy se publican los estados financieros de Pemex al cierre de 2015 y el plan de transformación que discutió su consejo de administración el viernes pasado. De la mayor importancia. Lo comentamos mañana.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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