Opinión

Seis profecías y un corolario

 
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AMLO. (Cuartoscuro)

¿Se puede predecir el futuro? En principio no. Porque el presente, que antes fue futuro, está determinado por un sinnúmero de causas y accidentes que nadie controla. Y, sin embargo, dados el comportamiento de los actores y ciertas circunstancias, sí se pueden construir escenarios con un altísimo grado de probabilidad.

La elección de 2018 es un campo propicio para esbozar algunos pronósticos, que con ánimo provocador llamaré profecías. ¿Cabe la posibilidad de fallar? Sí, sin duda. Pero hay fundamentos racionales, basados en el análisis y la experiencia, que sustentan cada una de esas visiones de futuro.

Desde 2000 las elecciones presidenciales se han polarizado. 2018 no será diferente. De hecho, la tendencia ahora es más acusada que en el pasado. La inconformidad con la globalización y el ascenso del populismo en el mundo son un fenómeno universal del que México no tiene manera de escapar.

Primera profecía: López Obrador estará en la boleta y será el candidato a vencer. La elección será tan reñida como fuerza y habilidad tenga el candidato alternativo.

Segunda profecía: Si López Obrador pierde, no reconocerá el resultado y el conflicto postelectoral estallará irremediablemente. La magnitud del mismo será directamente proporcional a lo cerrado del resultado. Pero de cualquier modo será un enfrentamiento a muerte porque será la última oportunidad de AMLO.

Tercera profecía: Si López Obrador gana la elección echará abajo las reformas estructurales, particularmente la energética. Y habrá un magno retroceso en materia educativa dada su alianza con la Coordinadora de los maestros. No hay en esto mayor misterio, ya que el propio Andrés Manuel lo ha reiterado y no tendrá ningún incentivo para abandonar su ideario.

Cuarta profecía: Si el temple restauracionista del gobierno de Peña Nieto, cebado por la cultura priista mexiquense, se manifestó en los casos de Aristegui y Ferriz de Con, lo que ocurrirá con López Obrador no tendrá parangón. AMLO, como Trump, tiene dos rasgos esenciales: caudillismo y populismo. De ahí que ambos sean alérgicos a la crítica y la expliquen como una forma de complot en su contra.

Quinta profecía: Un peligro igual o mayor que la intolerancia de su presidencia provendrá de la debilidad institucional en México. En lugar de una guerra de posiciones como la que están librando los medios contra Trump en Estados Unidos, aquí veremos el fortalecimiento de la vieja cultura del presidencialismo: “lo que usted diga señor presidente”, que nunca ha desaparecido.

Sexta profecía: La mentira como instrumento político será reiterativa. Es cierto que lo ha sido antes cuando los gobiernos se han resistido a la crítica o intentado maquillar cifras y controlar instituciones, alarmantemente claro en este sexenio. Pero en el caso de AMLO las mentiras son recurrentes y parte de su estructura mental. De manera tal que es difícil saber hasta qué punto miente deliberadamente o realmente tiene una percepción distorsionada de la realidad. Ejemplifico: toda su reacción ante las derrotas electorales que van desde las mentiras articuladas y sistemáticas de 2006, con el algoritmo y la desaparición de tres millones de votos, hasta la parodia de los guajolotes y los chivos en el Zócalo como prueba de compra del voto en 2012.

Corolario: Una vez en el poder, López Obrador volverá por sus fueros. De hecho, nunca los ha dejado. Quienes se empeñan en presentarlo como alguien diferente, que ha cambiado, deben preguntarse y respondernos una sola y elemental cuestión, que viene a ser la prueba de fuego: si López Obrador pierde la elección, ¿reconocerá, sí o no, su derrota? Si la respuesta es sí, sus adalides no harán más que confirmar su ingenuidad. Sí es no, la defensa pierde todo sustento.

Para reforzar lo dicho basta recordar que Trump, al igual que López, denunció un fraude previo y advirtió que no reconocería su derrota. Todo el personaje estaba allí resumido, a la vista de todos, pero muchos se negaron a verlo y admitirlo. La prueba de fuego de cualquier demócrata está en si es capaz o no de reconocer su derrota. No hay otra. Y López jamás la pasará. Es el mismo de siempre.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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