Opinión

Seis años

   
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Elecciones Veracruz

Ayer revisamos las cifras de la elección comparando con el año pasado. Esa comparación tiene el problema de mezclar dos tipos muy diferentes de elección: la intermedia federal con una elección de gobernador. Se trata de dos cosas distintas, que obedecen a dinámicas políticas que no son realmente comparables. Sin embargo, era importante hacerlo porque ofrece a cambio una visión de lo que está ocurriendo en el corto plazo. Hoy compararemos las elecciones, en esos mismos estados seis años antes, y con estas dos piezas de información, el panorama será mucho más claro.

En 2010 acudieron a votar por gobernador, en los mismos doce estados, 13.6 millones de mexicanos. Este domingo fueron 12.4. Perdimos a 10 por ciento, y si consideramos el crecimiento del padrón electoral, debe ser un poco peor. En consecuencia, los tres partidos principales pierden votos. Pero hay además un desplazamiento de votos hacia actores que en 2010 no existían, o contaban poco: independientes, partidos locales, Morena, tránsfugas. En total, cerca de 2.2 millones de votos se mueven a estos actores: Morena obtiene 1.6 millones de votos, que obviamente en 2010 no tenía; el candidato del PT en Oaxaca y el de MC en Sinaloa aportan cerca de 300 mil votos a esos partidos, y los partidos locales y candidatos independientes crecen en casi 400 mil votos.

En cambio, los tres partidos grandes pierden casi 3.7 millones de votos. En 2010 tenían 12.7 millones de votos, y ahora suman apenas nueve millones. El PAN pierde poco menos de 900 mil, el PRD pierde 700 mil (y se va al cuarto lugar) y el PRI pierde dos millones de votos. Como ocurrió el año pasado, y aquí lo comentamos, Morena crece más de lo que le quita al PRI que de lo que le quita al PRD, confirmando que ese partido sólo ha podido capturar el voto que sigue a su líder, y que ronda 10 por ciento a nivel nacional, aunque en varios estados del norte no llega ni a 3.0 por ciento (como ocurrió ahora en Chihuahua, Durango y Tamaulipas, o muy cerca de ello en Aguascalientes y Sinaloa).

La caída de votación de los partidos grandes es una tendencia cada vez más clara, que forma parte de un fenómeno global que ya hemos comentado. España es un excelente ejemplo, y ha llegado al punto en el que no se puede formar gobierno porque los grandes se achican, y los chicos no logran crecer lo suficiente, de forma que en lugar de sustituir a los anteriores, se acaba con una dispersión que hace muy difícil gobernar. Eso mismo estamos viendo: los dos partidos mayores se reducen, el tercero se divide y acabamos con dos grandes (30 por ciento), dos medianos casi pequeños (10 por ciento), y el 20 por ciento restante repartido entre figuras locales, independientes, partiditos.

Los malquerientes de Peña Nieto, que son legión, leen en esta elección un voto de castigo a su gobierno. No creo que eso esté ocurriendo, puesto que su peor momento en popularidad ocurrió hace un año, y ganó la mayoría en Diputados. En el último año sigue siendo impopular, pero no está peor que en 2015, y ahora pierde. No, creo que estas elecciones locales responden a criterios locales, como debería ser obvio. Ayer lo decía, gobernadores como los Duarte, Borge o Egidio son castigados, con o sin Peña Nieto. Otros estados eligieron al candidato perdedor de 2010 (como Aguascalientes y Durango). Son los seis estados que perdió el PRI, además de Puebla, donde no hubo castigo al gobernador, porque entiendo que ha sido razonablemente bueno.

Así que cuidado con extraer conclusiones a modo para 2018.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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