Opinión

#SeguridadSinGuerra para México

 
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inseguridad

A la hora de la comida seguro hablaremos de ese tema, se ha vuelto el rey de nuestras conversaciones, de los ratos libres y del encuentro con amigos. Ponemos con sufrimiento nuestras heridas sobre la mesa, cuántas veces nos han robado, acosado, extorsionado o, incluso, a cuántos cercanos echamos de menos por esta oleada de violencia.

Así es, en México el tema de la inseguridad duele como pocos. Nos significa un río de sangre; nos significa miles de personas desaparecidas, de feminicidios, de familias enteras que se quedan sin un ser querido, sin sustento, sin tranquilidad. Nos duele en la boca del estómago, también en la cabeza y a veces hasta nos hace temblar la inminencia del terror, el cual vivimos en silencio, cotidianamente y solos.

Hace un par de meses se anunció que se presentarían reformas en materia de seguridad a nivel nacional. Una noticia que tomó una gran importancia e interés frente a las cifras que descubren a 2017 como el año más violento del que se tenga registro en nuestro país, con la terrible expectativa de más de 24 mil homicidios dolosos para cuando concluya este año. Para entender la magnitud del hecho, estamos hablando de un año que presenta más asesinatos que cualquier año de la guerra contra el narcotráfico y que coloca a México en los primeros lugares de los países con mayor tasa de homicidios dolosos.

Precisamente por la escalada de violencia en la última década se esperaría virar la estrategia. Nuestro país se ha convertido en un campo de batalla que exige detener la inercia, dar un tiempo a reflexionar, hacer un diagnóstico compartido, analizar a profundidad las causas, poner lupa a los participantes estatales. Ha sido una guerra cruenta y necesitamos terminarla. Todo esto se esperaría, pero no sucedió. La apuesta del gobierno federal y sus legisladores fue mantener el estado de las cosas, un impulso al estado de excepción, a mantener el mismo modelo que ha elevado años tras año la violencia.

Frente a ello, más de 250 organizaciones de la sociedad civil decidieron levantar la voz y fundaron #SeguridadSinGuerra, un colectivo que impulsa alternativas a la ley regresiva e inconstitucional que se propuso en San Lázaro. Se acercaron al Poder Legislativo para poder poner datos, técnica y experiencias al servicio de nuestros diputados, para que pudieran hacer una chamba con más información. Se dieron reuniones, los diputados sonrieron y se comprometieron a escuchar.

Sin embargo, la semana pasada el diálogo cesó. Se dejaron de escuchar las opiniones de la sociedad civil, las sesiones de comisiones se cerraron, los acuerdos se dinamitaron, las recomendaciones de organizaciones internacionales fueron ignoradas y se aprobó una ley regresiva por parte del PRI y sus aliados. Sin embargo, es importante remarcar que no todo está perdido. El Senado de la República tiene que votar esta iniciativa en los próximos días y ahí los números de la 'oposición' (entrecomillada porque hay un par que parecen más priistas que el mismo Ochoa Reza) podrían detener este terrible retroceso. Por eso, valdrá la pena estar atentos al colectivo #SeguridadSinGuerra, sumarnos a sus campañas, activarnos en redes sociales (y en las manifestaciones) y conocer qué pasos seguir en este tema.

Finalmente, creo que uno de los aprendizajes más grandes que debemos llevarnos de esta arbitrariedad, es que el Poder Legislativo no puede seguir siendo rehén de una camarilla de autoritarios. Si hoy se atreven a discutir a puerta cerrada el tema que despierta más interés en la sociedad, eso significa que tenemos un gran trabajo pendiente.

Debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para que se modifique el modelo en el que se 'debaten' y 'analizan' los temas en nuestro Congreso. Tenemos muchísimo trabajo para que se le otorgue el peso adecuado a las opiniones expertas en el trabajo de comisiones y el Pleno. Con ello lograr algo importantísimo: que lo que se discuta en casa, se discuta (abiertamente) en el Congreso.

Twitter: @pkumamoto

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