Opinión

Seguridad Pública y Desarrollo Urbano

Cuando pensamos en seguridad pública, la gran mayoría de la gente piensa en más y mejores policías, en más patrullas, en mayor equipamiento; se piensa también en inteligencia, investigación, más cárceles, menos corrupción mayor eficacia, pero a veces nos olvidamos de las razones que generan la inseguridad.

Es muy cierto que el círculo vicioso de corrupción, impunidad e inseguridad es algo que tenemos que romper, pero también lo es que un país en donde se abandonó la educación, y con ella los valores cívicos y morales, y que además no se generaron los empleos suficientes, es caldo de cultivo para la delincuencia. Los llamados “ninis”, gente que ni estudia ni trabaja, son parte del problema que nos ha generado la situación en la que vivimos.

Existe otro factor que podría ayudar a tener una mayor seguridad pública y tiene que ver con la planeación del desarrollo urbano. Es evidente, porque así ha sido demostrado, que las personas tienen mejores conductas si viven y se desarrollan en ambientes amables y productivos. Si vemos los mapas delincuenciales, la mayoría de los delitos se dan en zonas en donde no hay parques, escuelas, templos, abasto organizado y donde prevalece el grafiti como una muestra de resentimiento social, es ahí también donde nacen y crecen los individuos que delinquen regularmente, la pobreza y la delincuencia tienen ciertas ligas, pero ser pobre no es sinónimo de delincuente, aunque la falta de oportunidades puede dar paso a ello.

En este gobierno se están interviniendo áreas para ser mejoradas, centros comunitarios donde la cultura, el deporte y el esparcimiento tengan un fin teleológico, hacer que las personas sean mejores, que encuentren en el deporte o las artes una razón de ser, darle sentido a sus vidas.

Existen infinidad de ciudades en nuestro país, así como en otros, en donde el crecimiento se da de una manera anárquica. La falta de servicios se debe a la ausencia de políticas públicas de planeación y a la corrupción, ya sea por dinero o por cuestiones electorales, que otorga licencias de construcción a diestra y siniestra o bien a hacerse de “la vista gorda” cuando los asentamiento humanos irregulares se apoderan de áreas verdes o predios de propiedad privada, para después regularizar los lotes a cambio de algo de lo anteriormente señalado.

Cambiar el modelo de ciudades que tenemos no resultaría tan difícil, y si en ello participan las comunidades sería mucho mejor; a manera de ejemplo, hace años invitamos a alumnos y profesores a pintar una escuela que estaba llena de grafiti, hoy la escuela se sigue conservando y todo porque el trabajo de todos inhibe que alguien quiera dañar lo que tanto esfuerzo les costó.

El rescate de los barrios es fundamental si queremos cambiar el modelo actual, el reciclaje urbano tiene también un impacto positivo en este cambio; imaginemos manzanas completas en donde viven decenas de familias de manera precaria, que sean sustituidas sus viviendas por edificios verticales que estén rodeados de jardines, es decir, el edificio que albergaría a las mismas familias estaría en el centro de la manzana dando espacio así a la generación de áreas verdes. Si la gente en lugar de gastar su dinero en pintura cada vez que el grafiti aparece, sembrara enredaderas, las bardas serían más bellas y ecológicas, como ese y otros programas que en realidad son sumamente sencillos, podríamos cambiar nuestra realidad.

México es un gran país que se nos fue de las manos, sólo el trabajo conjunto de ciudadanos y autoridades puede llevarnos a mejores estadios. La educación académica es responsabilidad del Estado mexicano, pero la educación más importante está en la familia, es ahí donde se adquieren los valores y todos somos responsables de ello.

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