Opinión

Segundo Informe presidencial

El Segundo Informe presidencial marca el final de una etapa en el estilo personal de gobernar del actual presidente de la República e inicia una muy diferente con objetivos distintos. Aunque el formato es el mismo que se siguió durante el año anterior, de entregar el Informe por escrito al Congreso el día 1 de septiembre, con gran cantidad de información estadística y de los logros realizados, así como hacer una presentación pública en Palacio Nacional al día siguiente, la situación tiene un cambio de fondo importante.

Este día finaliza la etapa de coordinación con los partidos de oposición para lograr las importantes reformas estructurales recientemente aprobadas y se pasa a la prioridad de llevarlas a cabo y al inicio del proceso electoral de 2015. Es cierto que faltaron dos reformas muy importantes, que son la referente a la propiedad agraria y la del fortalecimiento del Estado de derecho que permitiría una reducción en la impunidad, pero las disposiciones legales definen octubre como el mes del inicio del proceso electoral, lo que significará campañas internas en algunos partidos, nombramientos de los candidatos para los congresos locales y la Cámara de Diputados en todos ellos, así como presidentes municipales y otros puestos de elección popular a lo largo del país, todo lo cual significa reacomodo de funcionarios, lo que dificulta la aprobación de leyes importantes.

Estos nombramientos permitirán que los nuevos funcionarios en los gobiernos estatales y el federal, así como de los diversos candidatos, ya no tengan como objetivo prioritario la aprobación de las reformas estructurales sino el que sean capaces de llevarlas a cabo, así como que puedan ser capaces de ganar en las elecciones que se avecinan. Sus objetivos, características y experiencia deberán de ser diferentes para los nuevos objetivos.

Dentro de este nuevo escenario se vuelve un reto muy relevante que la economía mexicana tenga un elevado crecimiento, lo que significaría más empleos formales así como un mayor ingreso para los trabajadores y sus familias. Esto sigue siendo la principal prioridad de la población en el país. La experiencia nacional e internacional muestra de manera clara que es muy difícil que el partido en el poder pueda tener buenos resultados en las elecciones cuando la economía nacional tiene un bajo crecimiento y elevado desempleo. Para corregir esto se requiere que las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, puedan aumentar de manera significativa la inversión.

Otro reto en los siguientes meses será evitar que las presiones de aumentos en los salarios se transfieran a incrementos en los precios o, sobretodo, en mayor desempleo y magnitud de la economía informal. El mayor ingreso de los trabajadores en el mediano plazo no se logra con incrementos a los salarios mínimos legales, sino con mayor inversión de las empresas, sobre todo en las pequeñas y medianas, así como en reducción en los otros costos de producción. Lejana está la época de la economía cerrada en que las empresas podían repercutir sus mayores costos y salarios en los precios de venta de sus productos, lo cual hoy sólo se puede en sectores sin competencia o apertura comercial, ya que el consumidor tiene ahora más opciones.