Opinión

Seguir la pista del humo y apagar el fuego


 
La foto es como el humo que advierte de la cercanía de fuego: tres integrantes de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) someten a un policía municipal de Tixtla, Guerrero.
Uno, con el antebrazo, lo rodea por el cuello; otro, con un rifle en la mano izquierda y cartuchos en la cintura, jala con la derecha y hacia atrás el rostro del policía, que cae de rodillas, mientras un tercero está por arrebatarle el arma de cargo.
 
La imagen (La Jornada, 27 de agosto) tiene una violencia sorda. No grita sangre ni es extrema. Violencia de medio tono. Y, sin embargo, se mueve. Fija, revela la fuerza y la rendición, transmite la tensión del instante, el derrumbe que se produce. Civiles someten a la autoridad.
 
A estas alturas sabemos ya de agresiones, incluso homicidios, en contra de agentes del Estado por parte de delincuentes. Se cuentan por cientos. Los enfrentan a balazos o les preparan celadas.
 
Pero en esta ocasión de trata de algo diferente: policías comunitarios, presuntamente del lado de la seguridad, rompen el código y consuman el desplante: someten y desarman a los policías municipales de Tixtla. Antes, hay un amago de enfrentamiento. Los grupos se apuntan mutuamente, los dedos en los gatillos. Un segundo, y pueden volar balas y almas.
 
Pero ninguno dispara. En lugar de ello, los comunitarios desarman a los policías y toman la sede del ayuntamiento. Demandan la liberación de 22 de sus compañeros, detenidos por el Ejército la semana pasada, entre ellos Nestora Salgado, coordinadora de la Comunitaria del municipio de Olinalá.
 
Los comunitarios alargan la toma del ayuntamiento por cuatro horas, luego se van. Se llevan tres rifles R-15, arrebatados a los policías.
Ayer, el Ejército impidió que alrededor de 600 personas, entre ellas policías comunitarios y simpatizantes de la CRAC, bloquearan la carretera federal Acapulco-Pinotepa Nacional y desarmó a más de un centenar de ellos, previo forcejeo, empujones y gritos. Otra vez el humo.
 
También ayer un juez dictó auto de formal prisión en contra de Nestora Salgado por el delito de secuestro agravado en agravio de seis personas. Se miden las fuerzas.
 
Los acontecimientos, como la foto, son humo que se muestra, espeso, volátil, penetrante. Alerta de fuego.
 
El gobierno federal, es de suponerse, es deseable, debe de tener alguna estrategia, una ruta, más allá de la acción del momento.
 
Porque las policías comunitarias, al igual que los grupos de autodefensa, crecen, se arman, se fortalecen. Armados salen de sus lugares de residencia, caminan por carreteras, rodean a militares, obligan a canjes humanos.
 
Silenciosamente se instala la posibilidad de un enfrentamiento, la violencia en busca de vertientes, con otros protagonistas.
 
Hay hartazgo en poblaciones indefensas que han padecido el cruel sometimiento por parte de la delincuencia. Por eso se arman, pero también hay oportunistas y máscaras. Y hay dudas. Y humo, mucho humo. Con inteligencia y eficacia, hay que seguir la pista del humo y apagar el fuego. Quién sabe si la siguiente foto, en lugar de humo, nos arrojará a la cara las llamas del incendio.