Opinión

Secretos del Valle de Guadalupe

 

La semana pasada tuve la oportunidad de regresar a la “tierra del vino mexicano”: Ensenada. Siempre es un placer visitar la región donde se produce cerca del 90 por ciento del vino mexicano.

Desde hace tiempo mi maestro y amigo Víctor Torres Alegre –único mexicano doctor en enología por la Universidad de Burdeos-, me había invitado a visitar su bodega Torres Alegre, pero fue hasta hace unos días cuando pude cumplir mi promesa. Enclavada en el Valle de Guadalupe, con instalaciones modernas y funcionales, además de aprender sobre defectos del vino probé un vino blanco excepcional, La Llave Blanca. Elaborado con técnicas que él propuso en su tesis en Burdeos y que hoy son utilizadas para elaborar los grandes blancos bordaleses, es difícil encontrar un vino blanco mexicano elegante, pero cuando probé este vino fue muy gratificante a la nariz y al paladar. Fresco, fácil de beber, muy complejo en aromas y sobre todo muy placentero. Definitivamente no es un vino para tomarse como aperitivo porque debido a su complejidad y elegancia puede acompañar perfectamente platillos como tostadas de salpicón, mole de olla o una paella de mariscos.

A la entrada del Valle de Guadalupe, se encuentra una bodega que podríamos considerar mediana en producción con vinos de gran calidad: Viña Liceaga. Atinadamente dirigida por Myrna Liceaga, es una bodega que tuvo su primer cosecha en 1993 y hoy produce varias etiquetas bajo la dirección de su enólogo Juan Pedro Mendívil, pero personalmente las que creo que destacan como joyas de la enología mexicana son el Gran Reserva Liceaga, elaborado principalmente con Merlot y el “L”, elaborado con Shiraz y Merlot. Vinos con mucha personalidad, bien hechos, con una complejidad de aromas en nariz y en paladar. Ambos vinos los recomiendo con cortes marmoleados de carne, pastas con salseados de carne, cordero o unos suculentos tacos de barbacoa.

El último secreto del Valle de Guadalupe que conocí fue la bodega ALXIMIA, propiedad de Álvaro Álvarez, que además de tener un concepto arquitectónico con mucho simbolismo y en respeto por el medio ambiente, sus vinos fueron sorprendentes. Helios Rosado y Magma fueron mis favoritos. El primero es un rosado elaborado a partir de la mezcla de vino blanco y tinto, pero perfectamente bien elaborado, fresco y amable en boca y muy recomendable para acompañar ceviches, tostadas de pollo, enfrijoladas, chilpachole de jaiba o panuchos con cochinita pibil. Magma es un tinto fascinante pero no complicado para beber que puede acompañar un suculento chamberete, paella de carnes o una deliciosa fabada.

Los vinos de estas tres joyas ensenadenses pueden conseguirse en la Ciudad de México y lo mejor de todo es que su relación precio-calidad, tira al suelo el mito sobre los excesivos precios del vino mexicano de calidad. Pruébenlos, son vinos con alma que seducirán su paladar. Cuando piensen en vino decidan por México.

¡Salud!

Twitter: @Rene_Renteria

Página web:
renerenteria.com.mx