Opinión

Se va, se va... se fue

  
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Carstens. (cuartoscuro)

Con este título beisbolero, el deporte que prefiere, iniciamos la despedida del Dr. Agustín Carstens del Banco de México. Como usted sabe, ayer anunció su renuncia debido a la invitación que le hace el BIS (Banco de Pagos Internacionales, siglas en inglés) para ser su gerente general, y que ayer mismo también se conoció.

El anuncio tuvo un impacto sobre el peso, puesto que Carstens es el economista-banquero más reconocido que tenemos, de forma que, aunque no sea insustituible, los mercados sí tienen alguna preocupación. Insisto en que no es indispensable porque desde ayer se han mencionado varios nombres de personas con toda la calificación para ocupar el puesto de gobernador del Banco de México. Algunos, como Francisco Gil Díaz o Roberto del Cueto están por encima del límite de edad, y otros, como los hermanos Werner, no nacieron en México. Por eso mismo nunca pudieron aspirar al puesto de secretarios de Hacienda. También se ha mencionado a Gerardo Rodríguez Regordosa, quien fue subsecretario en esa misma dependencia. Evidentemente, todos los miembros de la Junta de Gobierno del Banco son excelentes candidatos.

Pero por algo el gobernador era Agustín Carstens, y había sido reelegido recientemente. Es el economista mexicano más conocido en los círculos de bancas centrales, y no dudo que ésa sea la razón por la que se le ofrece el nuevo puesto, ya que el BIS es una especie de banco central de los bancos centrales. Fuera del FMI, es la institución más importante en el ámbito de finanzas públicas. Por cierto, Carstens ya fue el segundo de a bordo del FMI, y no pudo llegar al puesto de director gerente porque la tradición desde Bretton Woods le asigna ese puesto a un europeo (ah, y además porque Brasil jugó en contra de México en esa elección, como de costumbre).

Ignoro las razones por las que el Dr. Carstens decidió aceptar el nuevo puesto, pero imagino que tienen que ver tanto con ventajas que ahí ve como en desventajas que percibe en su posición actual. Lo digo porque creo que así es como siempre se decide un cambio de puesto o de carrera profesional. Si en la actual está uno feliz, lo de afuera no atrae demasiado. Pero si se tienen dudas del presente, el pasto del vecino se ve más verde. Insisto en que no tengo idea de cómo decidió Carstens su futuro, pero me extrañaría que no hubiese detrás algo de descontento. Desde hace tiempo algunos columnistas han dicho que el Banco de México y Hacienda no tenían una muy buena relación, aunque con el nuevo secretario, de mejor trato que Videgaray, yo hubiera pensado que Carstens se sentiría mejor. Pero tal vez no es con esa dependencia el problema, sino con la dirección general de la economía, en la parte que el Banco no controla, pero le afecta.

Con mucho cuidado, Carstens había insistido varias veces en que las finanzas públicas eran demasiado laxas. Lo hacía porque eso elevaba la vulnerabilidad del sistema financiero, y porque podría repercutir en inflación. Apenas le hicieron caso, y eso porque las calificadoras ya amenazaron con reducir la calificación. Pero ayer mismo, justo cuando Carstens anunciaba su renuncia, la Comisión de Salarios Mínimos anunciaba un aumento de siete pesos a esa referencia. En los hechos, 9.5 por ciento de incremento, disfrazado de 3.9 por ciento más cuatro pesos.

Justo cuando la presión inflacionaria es la mayor desde que Carstens llegó al puesto, y cuando el Banco de México está subiendo su tasa de interés para evitar un problema mayor, se nos desatan los ingenieros sociales. Pero debe ser pura coincidencia. Buena suerte a Carstens allá en Suiza, se va a aburrir.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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