Opinión

Promulgan las leyes secundarias de la reforma energética

Se promulgaron las leyes secundarias de la reforma energética, la más importante de los últimos años y que cambiará la manera en que opera el mercado de energía en el país. Consecuentemente, y de manera progresiva, se modificará la estructura de costos en la industria y en sistema productivo en el país. Esto era inconcebible hace sólo un par de años y pone fin al monopolio del gobierno en este sector que duró 76 años. Habrá grandes beneficios y oportunidades, pero también existen retos, riesgos y posibles errores; sin embargo, pocos están conscientes de que la situación no era sostenible como estaba y que sería muy probable una grave crisis fiscal en el país de no haberse tomado esta decisión.

Son varias las causas que propiciaron la propuesta de un profundo cambio en el sector, destacando las siguientes: 1) la importante caída en la producción petrolera en el país, que de un máximo de 3.4 millones de barriles promedio diarios que se extrajeron en 2004, se obtienen cerca de 2.5 millones de barriles promedio en la actualidad, lo cual equivale a una contracción de 26 por ciento. Por su parte, las exportaciones han pasado de 1.87 millones de barriles diarios a sólo 1.17 barriles en los mismos años, lo que significa una disminución de 37 pro ciento. A este ritmo sería inevitable que en unos años no sólo importáramos gasolina del exterior sino también petróleo crudo, ya que la tendencia decreciente se sigue agravando, a pesar de las importantes inversiones que se han realizado en los pasados años. 2) Estados Unidos sigue incrementando su producción de petróleo y de gas, lo que lo convierte en el productor de energía más importante del mundo, con más de 11 millones de barriles diarios. Esto ha propiciado que los precios de gas hayan bajado de manera importante y es inevitable que el precio del petróleo también disminuya en los siguientes años. 3) Las finanzas públicas no se han visto perjudicadas de manera importante todavía, por el elevado precio del petróleo, pero las mismas dependen casi en 40 por ciento de los energéticos, principalmente del petróleo. De mantenerse las actuales tendencias, sería muy probable una crisis fiscal antes de que terminara el actual sexenio. 4) La actividad económica nacional se mantiene con una recuperación débil, como lo muestra el dato de ventas de la ANTAD de sólo 0.7 por ciento anual en julio y que lo confirman las baratas y promociones en todo el comercio nacional. Nuestra economía requiere de un motor que le permita una reactivación sólida y permanente. 5) La crisis global no termina de superarse, como lo corroboran los problemas en las distintas economías del mundo y su elevado nivel de desempleo. A esto se le agrava el impacto de la crisis política global, como son la situación en Ucrania y las medidas de restricción al comercio impuestas a Rusia, los bombardeos norteamericanos en la zona ISIS y la volatilidad en Medio Oriente.

En conclusión, la reforma energética no es la solución a todos los problemas económicos de nuestro país, pero la situación anterior no era sostenible en los siguientes años y nos estaba encaminando a una grave crisis fiscal y económica.