Opinión

Se pide a Canadá que elimine visas a mexicanos

10 febrero 2014 4:23 Última actualización 15 octubre 2013 5:2

 
Mauricio de Maria y Campos
 
Por fin, tras 4 años de que Canadá impuso unilateralmente el requisito de visa a mexicanos, y no actuamos en reciprocidad, el nuevo embajador de México en ese país está demandando en voz alta la eliminación de las visas y emprende un plan para lograrlo.
 

¡Enhorabuena!
 

Tengo muchos conocidos que han renunciado a viajar por motivos turísticos, académicos o de negocios a Canadá por la exigencia de visas a mexicanos. Las cifras lo confirman: el número de turistas mexicanos a Canadá se ha reducido en más de un 50 por ciento en estos 4 años, de 270 mil a apenas 100 mil en promedio anual.
 

Una pareja de amigos con los que viajamos cada verano juró no hacerlo desde que fuimos rechazados sorpresivamente en julio del 2009 en la frontera entre Seattle y Vancouver, e insiste en no hacerlo mientras se siga exigiendo la visa, acompañada de un pago de aprox. 100 CD y uno de los trámites más complejos y absurdos que he encontrado en mi vida diplomática y turística.
 

Un destacado joven guitarrista mexicano, que ha estudiado en Alemania y viajado por todo el mundo (yo lo recibí como embajador de México en Sudáfrica cuando brindó un par de conciertos invitado por la SRE) sufrió un gran malestar y pérdidas económicas cuando se le negó su visa para acudir a Canadá a ofrecer un concierto y recoger una guitarra que le había encargado a un artesano de laudaría de Quebec. La razón: su joven edad, corta estancia y falta de ingresos suficientes. Cuando hablé con mi amigo el embajador de Canadá en México ya era tarde. Además me dijo que este asunto no podía resolverlo él. Correspondía al Depto del Interior.
 

Han pasado 4 años y ha mejorado con la práctica el sistema de visas que otorga el gobierno de Canadá a mexicanos, sobre todo a profesionistas. Pero no deja de ser largo y engorroso por la información detallada que pide sobre el solicitante y sus familiares cercanos y las garantías económicas que exige.
 

Pero más importante aún, es un irritante político innecesario entre dos países amigos, totalmente inequitativo y falto de reciprocidad, por más que en un primer momento las autoridades canadienses lo justificaran por el abuso que estaban haciendo abogados y ciudadanos de Canadá, México y otros países sobre las generosas disposiciones canadienses de asilo político vigentes en ese momento- (que ya han sido reformadas para evitar su abuso).
 

Sin duda México debió de haber reaccionado desde un principio actuando en reciprocidad –como lo hicieron Brasil y algunos países europeos: la República Checa– exigiendo visa a los canadienses y cobrando un pago equivalente.
 

Pero, como sucedió otras veces, la Cancillería se resistió. El argumento fue que eran muchos los turistas canadienses que viajan cada año a México –Cancún y Puerto Vallarta, principalmente– y que viven con su jubilación en nuestro país. Pero yo preguntaría ¿y no son muchos los mexicanos, con menor ingreso per cápita, que viajamos a Canadá y queremos hacerlo por razones turísticas, académicas, culturales y de negocios?
 

Hace un mes, cuando viajé a Ottawa para asistir a la conferencia anual del Club de Roma, me tocó sentarme al lado de un jornalero agrícola mexicano de la Sierra de Puebla que iba a la cosecha de la uva en Ontario. Me dio gusto escuchar su buena referencia al programa de trabajadores agrícolas que opera entre nuestros dos países; pero consideré injusto que a su modesto sueldo se le descontaran el boleto de avión y sobre todo los 150 dólares de la visa, mientras que los turistas canadienses que vienen a sus vacaciones invernales de playa no lo pagan. ¿Pues no que somos socios y hermanos del TLCAN?
 

Lo conveniente sería que el gobierno de Canadá elimine el requisito de visa a mexicanos en forma recíproca y que más turistas, estudiantes, artistas y hombres de negocios de ambos países cruzáramos en condiciones iguales nuestras respectivas fronteras, como lo hacen las mariposas monarcas y las ballenas.
 

Si no es así, tal como lo acaba de amenazar el Parlamento Europeo a Canadá si no quita el requisito a varios países, sería necesario actuar en reciprocidad ya, en un plazo límite.
 

Francisco Suárez Dávila, nuevo embajador de México, le puso el cascabel al gato con su declaración enérgica aparecida en primera plana en todos los periódicos canadienses, precisamente el 16 de septiembre, cuando se celebraba la independencia mexicana. Su referencia al poco sentido que tendría una visita bilateral entre nuestros presidentes mientras no se resuelva este “prietito en el arroz” hace sentido.
 

Soy testigo del alud de elogios que recibió de mexicanos y canadienses, incluyendo empresarios, que promueven negocios y reconocen que la actual situación los pone en desventaja y debe terminar. Si el obstáculo subsistente es la tradicional presión de los EU, nuestro común vecino elefante, siempre alarmado por su seguridad, encontremos formas para superar esas barreras. Pero no aceptemos esta relación insensata entre ambos países.