Opinión

Se mueven los candidatos presidenciales

  
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El IV Informe presidencial representa, en términos históricos, el descenso del poder del Presidente en turno y se empieza a dar el direccionamiento de los reflectores hacia quién podría ser, en primera instancia, el candidato de cada partido político y también de las candidaturas independientes, de donde, posteriormente, surgiría el próximo Presidente de la República.

A estas alturas, en otros sexenios ya estaban definidos los suspirantes, si bien no formalmente, sí por las preferencias de la mayoría del electorado y por la simpatía de algunos de los sectores económicos y políticos más influyentes del país.

Durante el Cuarto Informe de Ernesto Zedillo, estaba Vicente Fox en camino de imponerse a la cúpula panista, de arrebatarle la candidatura y, con ello, vislumbrarse la alternancia, en virtud del escaso apoyo que en ese entonces prestaba el Presidente de la República, a su partido, al PRI y posteriormente a su abanderado, Francisco Labastida.

Vicente Fox, en su Cuarto Informe, tal vez el más accidentado de los últimos años, por el malogrado desafuero de López Obrador, trató de imponer a Santiago Creel como su sucesor; sin embargo, Felipe Calderón le renunció como secretario de Energía y comenzó a tejer todo tipo de alianzas con los panistas de cepa y los cuadros políticos de la derecha, para, finalmente, abanderar la causa blanquiazul a la presidencia.

En el cuarto año de gobierno de Vicente Calderón, ya Enrique Peña Nieto se apuntaba para gobernar el país. Desde el Estado de México logró encaminarse, con Manlio Fabio Beltrones de comparsa, hacia Los Pinos.

En los doce últimos años, hubo un personaje que pudo haber truncado las aspiraciones de dos de los hombres que a la postre se convirtieron en presidentes; Andrés Manuel López Obrador, quién ahora, por tercera ocasión buscará hacer realidad sus sueños guajiros.

La declinación de la estela de poder y la gestación política del sucesor son fenómenos reales de la política mexicana que ahora no tiene por qué ser diferente.

De hecho, podría mencionarse que además de que Peña Nieto enfrenta los índices de aprobación más bajos que ha tenido un jefe del Ejecutivo en los últimos 35 años, también padece la curva descendente del poder, al tiempo de empezar a alinearse los factores políticos necesarios para ungir al candidato del tricolor.

Así las cosas, mientras que AMLO espera contra quién se enfrentará en la boleta electoral; en el PAN viven la madre de todas las batallas para evitar la escisión. Si logran sortear este obstáculo al nominar un candidato de unidad, estarían en camino de recuperar la presidencia.

En el PRI, todo está puesto para que Luis Videgaray se convierta en su candidato, hombre que no sólo cuenta con toda la confianza del Presidente, sino que es un hombre de resultados, inteligente y concertador.

Algunos se van con la finta al creer que Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño, Eruviel Ávila o incluso José Antonio Meade pueden tener posibilidades; sin embargo, sólo hay cabida para uno y ese es el secretario de Hacienda.

Uno de sus mayores pasivos, dirían sus detractores, fue la reforma fiscal que irritó a diversos sectores productivos, como a los propios empresarios; empero, merced a esa medida, el gobierno se mantiene estable y con indicadores macroeconómicos aceptables, en un entorno mundial muy adverso.

A partir de la plenaria que llevarán a cabo los diputados federales en la última semana de agosto, en la cual se presentará Luis Videgaray, y en la medida que pase el Cuarto Informe de Gobierno se irá desvaneciendo el misterio que esclarecerá, de una vez por todas, hacía donde apuntan los dioses del Olimpo.




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