Opinión

Se les hace poco

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peso

Mi comentario más reciente en el noticiero de Joaquín López Dóriga, apenas el viernes pasado, mereció una cantidad infrecuente de comentarios. Como siempre, unos a favor y otros en contra.

Dije en televisión lo que he escrito varias veces en estas páginas: el ajuste cambiario es global, no es una crisis nuestra, y lo hemos enfrentado con más éxito que la mayoría de las monedas.

De julio para acá, el peso se ha depreciado 15 por ciento, lo mismo que la libra esterlina y menos que el dólar canadiense (17 por ciento), el yen japonés (18 por ciento), el euro (24 por ciento) o el real brasileño (42 por ciento). En lo que va del año, la diferencia es más notoria porque sólo el yen y la corona sueca tienen menos ajuste que nosotros.

Además, afirmé que hoy en día no hay una economía emergente que pueda competir con México en atractivo para inversionistas. Los muy famosos BRIC de inicio de siglo no están en buenas condiciones: China se desacelera y bastante rápido; Brasil creció 0.1 por ciento en 2014 y sigue empeorando; Rusia sufre una recesión porque lo único que producen es petróleo y gas; sólo India mantiene tasas de crecimiento interesantes, pero por muchas otras razones no tiene tanto atractivo como nosotros. De Europa, ni hablar, va en el quinto año de estancamiento. Con ellos, Turquía y Polonia, otros emergentes interesantes, no logran despegar.

Por cierto, la semana pasada Enrique Quintana glosaba un estudio del Boston Consulting Group en el que identificaban como estrellas ascendentes, en manufacturas, a sólo dos economías: México y Estados Unidos. Tal vez por eso tenemos un crecimiento de dos dígitos en la industria automotriz por ya varios años.

Esta posición de México es resultado de 30 años de trabajo.

Empezamos a cambiar en 1986, en 87 enfrentamos la inflación; a partir de 1991, más apertura y menos gobierno; después de la reacción brutal de 1994 y la crisis de 1995, desde 1997 estabilidad bien construida, y el arranque de la democracia; luego 15 años de desmontar un sistema autoritario y centralista, con el costo del ascenso de los poderes fácticos.

Finalmente, enfrentarlos: crimen organizado, sindicatos, monopolios, y terminar el proceso de transformación. Ahora estamos en la construcción del Estado de derecho, y tenemos un sistema anticorrupción en ciernes que es verdaderamente interesante. Seis presidentes han participado en esto, unos mejor que otros, pero se ha mantenido el rumbo, con no poco esfuerzo.

Pero esto le parece poco a muchos mexicanos. A unos, porque desde 1986 se han sentido desplazados del poder, y han optado por descalificar a los seis gobiernos como neoliberales. Con variantes, pero preferirían regresar al México anterior. Otros son simplemente negativos. Unos más, tienen dificultades para comprender que la realidad no se ajusta a los deseos, y se imaginan que estas transformaciones son fáciles, comunes, que cualquiera puede hacerlas. Basta voltear a ver a otros países para desechar estas ilusiones, pero no lo hacen.

Puesto que no pueden aceptar que vamos avanzando, concentran sus esfuerzos en descalificar a quien lo afirma. Es decir, nadie puede decir que vamos bien, a menos que sea tonto o se haya vendido.

Extrañamente, no consideran la posibilidad contraria, que tiene, en principio, la misma probabilidad de ser cierta. Es evidentemente parte del aprendizaje de una sociedad que hace muy poco tiempo que discute. Los demás piensan diferente, y es posible que tengan razón.

Evaluar los comentarios de los demás como si tuviesen siempre intención política o interés económico nubla la razón. No tenemos que estar de acuerdo todos, pero tenemos que ser capaces de discutirlo.

Twitter: @macariomx

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