Opinión

Se dice le-er, señor secretario de Educación

 
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Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública (SEP), encabezó el foro de consulta sobre Modelo Educativo y Propuesta Curricular para la Educación Obligatoria con Cámaras Empresariales, en la sede de la SEP. (cuartoscuro)

Errare humanum est. Así, salvo error, que sin duda lo puede haber en la formación de esta frase de apenas tres palabras, dice la sentencia latina: El cometer error es humano. Lo cual pretende significar que nadie es perfecto y menos aún infalible. Todo el mundo se puede equivocar y de esta regla nadie, absolutamente nadie, queda exento. Hasta el Papa de Roma se equivoca, pues de acuerdo con la teología católica sólo es infalible cuando defina cuestiones de fe o sobre moral, y eso siempre y cuando expresamente declare que habla ex – cáthedra. Lo cual no es frecuente que suceda.

Pero vayamos al punto. El lunes de la presente semana el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, visitó la 36 Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil que se lleva a cabo en el Parque Bicentenario en Azcapotzalco. Allí, como viene haciendo Nuño desde que fue designado para ocupar ese cargo (si bien ha de reconocerse que cada vez menos, desde que se aceptó que tratar de proyectarlo como potencial candidato presidencial priista es inútil y causa perdida), adoptó la práctica de que en las mañanas le reunieran a niños de escuela y profesores para hablares y que esas visitas a los planteles ocuparan sendos espacios en los noticieros televisivos matutinos, vespertinos y nocturnos.

El propósito de esa práctica, que llegó a ser cotidiana, era más que evidente pues sólo engañaba a los bobos o a quienes siempre están dispuestos a dejarse engañar, pone de manifiesto que el priismo en el fondo no ha cambiado, sólo ha modificado sus métodos. Ahora ha llegado al exceso indignante de manipular a la niñez y al profesorado para tratar de proyectar la imagen política de alguien. Pero el lunes en Azcapotzalco le resultó contraproducente.

Sucedió que al concluir su mensaje, por llamarlo de alguna forma, el titular de la SEP dijo a los niños que le acarrearon: “Muy bien, pues ahorita (sic) los van a llevar para que vayan y puedan tener los libros que les gustan, para que los empiecen a ler (sic). ¿Seguro van a ler (sic), si o no?”

Los niños respondieron: -Sííí. A continuación el funcionario se dirigió a cinco niños que lo acompañaban en el estrado y les preguntó: “¿Ustedes van a ler (sic)? Muy bien, adiós, adiós, adiós”. Cuando se acercó a una niña de 9 años, de nombre Andrea Lomelí, ésta le susurró, aunque su voz alcanzó a ser grabada perfectamente: “No se dice ler, se dice le-er”. Luego ocurrió algo más increíble: O Nuño trató de disimular que fue acertadamente corregido por la niña, o bien ni siquiera estuvo en aptitud de entender en qué fue corregido por Andrea.

Que el secretario de Energía se equivoque en un concepto médico o el de Salud en uno relativo al petróleo, o el de Hacienda o el de Economía en un asunto de astronomía, pasa. Porque errar es humano. Pero que el titular de Educación haya incurrido en esa equivocación tres veces en menos de cincuenta palabras y haya sido corregido como lo fue por la niña Andrea, no puede pasar ni ser tolerado. No sólo debería pedir públicamente perdón sino renunciar. Pero para ello es necesario tener al menos una remota idea de lo que son la dignidad, el honor y el decoro, que infortunadamente es lo que más está haciendo falta en la vida pública del país.

Qué lejos está este señor de tener la categoría de Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez o Alonso Lujambio, quienes también fueron secretarios de Educación Pública. ¡Muy lejos!

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