Opinión

Se debe modificar el calendario de trabajo de los legisladores

1
   

    

diputados

Tal vez habría que evaluar que tan funcional es el sistema de trabajo que tienen los diputados y senadores para llevar a cabo sus tareas parlamentarias. Eso de que el Pleno trabaje un poco más de medio año, es absurdo e inoperante. De hecho, esta podría ser la principal causa de que no les alcance el tiempo para desahogar todos los asuntos que terminan, muchos de ellos, por irse a la congeladora.

Con dos períodos de sesiones al año, seis para los diputados en toda la legislatura y doce para los senadores, no es suficiente para estar a la altura de las circunstancias. Las exigencias de la sociedad son demasiadas y la propia dinámica del acontecer nacional obliga a los legisladores a estar prácticamente en sus curules todo el tiempo.

Por supuesto que hay otras tareas que llevan a cabo los representantes populares, como el trabajo en las propias comisiones, que a veces es agotador y desgastante como el que tienen las comisiones de Presupuesto, y la de Hacienda en la víspera de la aprobación del Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos.

De igual forma, la labor que llevan a cabo en sus comunidades, en donde los eligieron, que al final del día, es donde se deben de aplicar para llevar beneficios a la población que votó por ellos.

Sin embargo, se sabe que las obligaciones que tienen los diputados y senadores, no son atendidas en su totalidad, precisamente por el mal diseño del sistema de trabajo que existe para legislar y para estar al pendiente de su tierra natal.

Por ello, necesariamente tiene que modificarse el calendario de trabajo de los legisladores. Se deben diseñar que los períodos de sesiones duren por lo menos diez meses y no los siete que duran en la actualidad.

Basta observar los pendientes que dejaron los representantes populares al término del II período de sesiones y más allá de emitir juicios que califiquen los trabajos realizados por la LXIII Legislatura, habría que ponderar qué leyes quedaron trabadas por el jaloneo electoral, aparte de la Reforma Anticorrupción, la despenalización de la mariguana y el Mando Único.

Todas las bancadas partidistas representadas en ambas cámaras en su balance para evaluar los trabajos legislativos, afirman en términos generales que se cumplió con lo estipulado en la agenda parlamentaria para el II período de sesiones del primer año de ejercicio, al tiempo de dar un recuento de las iniciativas presentadas, puntos de acuerdo y general, el número de intervenciones que tuvieron en tribuna; sin embargo, los asuntos torales que le importaban a la sociedad, no fueron aprobados.

Sólo por mencionar algunos temas, citaremos: La Ley Nacional de Ejecución Penal; la Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar la Tortura; la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada; la Ley General de Vida Silvestre, las Leyes Generales de la Secretaría de Cultura, la Ley de Fiscalización y la Ley de Aguas Nacionales.

Podríamos enumerar otras tantas propuestas que se quedaron en el seno de las comisiones de trabajo o en las propias fracciones políticas.

En materia ambiental, los ordenamientos legales en calidad del aire y cuidado de la atmósfera; el derecho a un medio ambiente sano y saludable; el de desarrollo urbano y asentamientos humanos; el de agua limpia y de calidad, además de la conversión del transporte público de gasolina a sistema eléctrico, entre otras.

Esto es tan solo de un rubro, habría que preguntarle a las más de 40 comisiones que existen en San Lázaro sobre las asignaturas pendientes que quedaron empolvándose en los escritorios hasta que en mes de septiembre.