Opinión

Se busca titular
de la FEPADE

 
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Con la revisión de 21 expedientes, de igual número de aspirantes, el Senado de la República inició la cuenta regresiva para nombrar al titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), cargo que está acéfalo desde la remoción de Santiago Nieto Castillo, el pasado 20 de octubre, según se dijo, por haber violado los códigos de conducta del servicio público.

Desde entonces, el recinto de la Cámara alta vive una especie de parálisis legislativa donde todos los asuntos o llegan a la charola de los pendientes o se mezclan entre los temas políticos y la agenda electoral, sin que haya interés o prisa por nombrar al fiscal que atenderá todo tipo de quejas y denuncias por los delitos que eventualmente pudieran presentarse en el desarrollo de proceso comicial en ciernes en todo el país.

Cabe recordar que el año electoral inició el pasado 8 de septiembre y concluirá con la calificación que las autoridades respectivas emitan sobre los resultados de la jornada del próximo 1 de julio, tiempo durante el cual corresponderá a la FEPADE atender de manera expedita las denuncias que se presenten por conductas probablemente constitutivas de delitos electorales, y de ahí la importancia de contar con la cabeza que represente a este organismo, quien debe buscar en todo momento el adecuado desarrollo de la función pública electoral y el respeto de ese bien jurídico de la democracia que se llama sufragio, el cual debe ser emitido de forma personal, libre, secreta y directa.

Tampoco debemos olvidar que en 2018, entre otros cargos, se elegirá al de presidente de la República, nueve gubernaturas y la jefatura del Gobierno de la Ciudad de México, así como la renovación total del Congreso de la Unión (500 diputados federales y 128 senadores), además de ayuntamientos y diputaciones locales en 30 entidades federativas.

No es cosa menor entonces urgir al Legislativo acelerar el trámite que debe concluir con la designación del fiscal para la Atención de los Delitos Electorales, porque ante la alta competitividad electoral, entre otros factores, la amenaza de uso de recursos públicos para fines electorales siempre está presente y eso incrementa la probabilidad de la comisión de conductas que pueden poner en riesgo el adecuado desarrollo del proceso electoral.

Según datos de la FEPADE, la compra de votos, peculado electoral y condicionamiento de programas sociales son tres de los delitos más recurrentes que se han presentado en los procesos electorales recientes, y aunque en menor medida, también se han registrado otros tipos de delitos, como son: turismo electoral, lavado de dinero, usurpación de identidad, desvío de recursos públicos y otras irregularidades.

Y aunque hay quien señala que las tareas de la FEPADE se siguen desarrollando de manera normal, aun sin tener a su titular, lo cierto es que la falta del nombramiento respectivo puede ser un elemento que constituya confusión o que retrase el desahogo de algunos expedientes que requieran el visto bueno del titular, aun cuando para el desarrollo y fortalecimiento de nuestra democracia se debe buscar una mejor y mayor eficiencia en las actividades de prevención, investigación y persecución de los delitos electorales, donde su incumplimiento, sin duda alguna, contribuye a la debilidad de nuestras instituciones y al desgaste del sistema político mexicano.

Es cierto, el desarrollo de las campañas políticas y la celebración de los comicios mismos cuentan con mayor vigilancia, en la que la participación ciudadana es fundamental en su transparencia y donde los recursos públicos tienen novedosos y eficaces mecanismos de control; pero por lo que últimamente se ha visto eso no ha sido suficiente para inhibir el delito electoral.

Así que, señores senadores, de una vez por todas elijan a la autoridad de la FEPADE, en sus manos tienen 21 perfiles, y aunque tienen hasta el 15 de diciembre como fecha fatal para el nombramiento, no nos vayan a salir con que el reloj parlamentario seguirá funcionando hasta que ustedes quieran o encuentren un fiscal a modo, como al parecer lo tenían con Santiago Nieto; o lo que es peor, estar en falta como en algunos otros asuntos.

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