Opinión

¿Se acuerda del Brexit?

    
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Brexit (Shutterstock)

El referéndum para la salida del Reino Unido de la Unión Europea tuvo lugar en julio de 2016, y desde entonces, mil debates, sesiones, reuniones han tenido lugar en ese país y en la UE para encontrar el mejor camino. Finalmente, un borrador de ley (oficialmente la Ley de Retiro de la Unión Europea) recibió este martes su primera votación mayoritariamente favorable, para alcanzar una segunda lectura en comisiones y avanzar en el proceso (326 a favor–290 en contra).

La votación denota una considerable oposición por parte de los laboristas, los liberal demócratas y también los nacionalistas escoceses, fuerzas minoritarias en el Parlamento británico. Es la bancada laborista, en esencia, la que pretende detener esta iniciativa de ley porque señala que los conservadores, en aras de acelerar el proceso y conseguir la salida al más corto plazo posible, están contemplando incluir un pago
−a manera de penalización− en favor de la Unión. Nadie se ha atrevido aún a informarle al pueblo británico de dicha 'multa' o 'pago de marcha', pero los laboristas tienen previsto armar un extendido escándalo para impedir que así suceda.

La primera ministra Theresa May ha urgido a sus colegas en el Parlamento a trabajar en favor de la iniciativa para cumplir el mandato de los ciudadanos. Sin embargo, muchas cosas han pasado en 13 meses en la Gran Bretaña. Según cifras oficiales, la libra esterlina se ha devaluado en 20 por ciento desde el referéndum; ha crecido el desempleo entre 3.0 y 4.0 por ciento y se ha registrado un creciente número de empresas corporativas, globales y especialmente financieras −bancos, calificadoras, fondos de inversión− tradicionalmente instalados en la city londinense −el sector financiero de la ciudad− hacia Europa continental. Algunas a Fráncfort, otras a París y algunas más a Bruselas, pero el hecho es que han retirado sus cuarteles generales de la capital británica en busca de un territorio de libre flujo de mercancías y capitales.

Es temprano aún para hacer pronósticos, pero aparecen continuos artículos en la prensa inglesa que se refieren a un creciente sentido de arrepentimiento. Los viejos argumentos para salir de la Unión siguen presentes, pero pierden terreno frente a una economía que, en los hechos, pierde fuerza y potencia.

Los argumentos del gobierno pretenden explicar una etapa transitoria entre la aprobación de la Ley, la salida de facto prevista para marzo de 2019, y un periodo de ajuste posterior. Pero aparecen signos diarios de una fuerza económica que parece disminuir su velocidad, y eventualmente detenerse. Nadie se atreve aún a hablar de recesión, pero algunos economistas estadounidenses colocan ya la vía del cero crecimiento como una consecuencia inevitable del Brexit.

Más allá de la salida de la Unión y la construcción de un nuevo acuerdo que no tiene nada contentos a sus antiguos socios (Francia, Alemania y Bélgica), el gobierno de Theresa May tendrá que renegociar un promedio de 60 acuerdos comerciales con muchas otras naciones en el mundo para replantear términos comerciales que no estarán garantizados por los términos y el marco jurídico y arancelario de la Unión.

Ellos tienen sus propios problemas y nosotros los nuestros con la renegociación del TLCAN. Los tiempos difícilmente coincidirán, pero México renegociará en menos de un año su principal marco de comercio internacional (TLC) y poco tiempo después otros con la Unión −después del Brexit− y con el propio Reino Unido.

Twitter: @LKourchenko

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