Opinión

Se acentúa la intolerancia del Islam Fundamentalista

El radicalismo islámico no solo está en efervescencia en Irak y Siria, países donde está actuando con una inusitada violencia el Estado Islámico (EI); también el Islam fundamentalista ejerce una marcada influencia en Pakistán y Afganistán. Malala Yusufzai (MY) la joven paquistaní de 17 años que este 2014 comparte el premio Nobel de la Paz con el activista hindú contra el trabajo infantil, Kailash Satyarthi, representa una evidencia y símbolo de la lucha contra la misoginia del Talibán en Pakistán, donde el 97.0% de sus 188 millones de habitantes son musulmanes (más de 80.0% suniíes); este galardón es por la defensa femenina, a la cual se opone el Talibán, después de casi pagar con la vida su apoyo a la causa. MY a pesar de las prohibiciones del Talibán en su región, en la región donde vivía en el norte de Pakistán, ella y otras niñas burlaban los obstáculos y seguían a clases, hecho que incendió la ira de los extremistas quienes el 9 de octubre del 2012 le dispararon impactando su cabeza; milagrosamente salvo la vida después de ser llevada al Reino Unido. No obstante, aún son visibles las secuelas que le dejo el cobarde atentado.

MY en su autobiografía ha mencionado que le gustaría llegar a ser primera ministra de Pakistán porque “la mejor forma de luchar contra el terrorismo y por la educación es a través de la política”. MY actualmente reside en la ciudad inglesa de Birmingham con sus padres y dos hermanos. MY con su valor y confianza se ha convertido en una inspiración para las niñas y jóvenes de Pakistán y sus acciones parecen dar frutos, al menos en el Valle de Swat donde ella vivía; cifras oficiales indican que en el presente curso se matricularon 140,000 niñas en escuelas estatales, comparado con 100,000 dos años antes; asimismo de las 119 escuelas que destruyó el Talibán en la época en que controlaron el Valle de Swat, entre 2007 y 2009, fueron reconstruidas mas de la mitad.

Los vientos del fanatismo siguen soplando en Pakistán, el Talibán ha manifestado que volvería intentar matarla; por otra parte, influyentes clérigos musulmanes acusan a MY de estar desarrollando un plan “anti-islam diseñado por extranjeros de Occidente que se han apropiado de MY para promover sus planes malévolos”. Por lo demás, las escuelas de Pakistán prohibieron el libro de MY arguyendo que no es bastante respetuosa con el Islam porque cuando menciona el nombre del profeta Mahoma no añade de seguido la expresión “que la paz sea con él”, como es habitual entre los musulmanes bondadosos, “un mero pretexto que esconde una verdadera voluntad para no cambiar a un país sumido en la pobreza y la descomposición social”.

Pakistán que logró su independencia de Inglaterra en 1947 es evaluado como una nación pobre afectada por políticas económicas incoherentes, la corrupción, conflictos con India en la región de Cachemira y múltiples disputas políticas que ha experimentado durante décadas. La inflación aún es elevada, más de 10.0% este año, al igual que el desempleo, alrededor de 15.0% y un ingreso per capita bajo, alrededor de 1,400 dólares anuales y un elevado endeudamiento externo que alcanza 60,000 millones de dólares. Los principales motores de su economía siguen siendo la agricultura y pesca de autoconsumo que representan 20.0% del PIB, aunque a raíz de la implementación de un amplio programa de reformas ha aumentado del sector manufacturero y el de servicios.

Pakistán ha vivido un largo periodo de sectarismo islámico desde hace varias décadas que ha provocado violencia entre las diferentes sectas existentes en ese país; la cual se ha intensificado al pasar de enfrentamientos espontáneos entre suniíes y chiíes a la violencia planificada de unas comunidades a otras que implica un conflicto terrorista, e intolerante. Así, han surgido grupos políticos religiosos de carácter sectario cuyo objetivo “no es la reforma religioso, sino la exacerbación de la diferencia, de la definición de ser musulmán, nunca plenamente satisfecha a lo largo de la historia de Pakistán”. La búsqueda de una identidad islámica ha llevado al camino de la exclusión. Ciertamente, a medida que Pakistán ha ido definiendo su identidad islámica, (el Islam es la religión del Estado y la Constitución está en consonancia con el Islam), mas se ha dividido a los musulmanes y más sectas se han difundido; las actitudes de los grupos sectarios pueden llevar al país a una guerra civil en virtud de que tienen una gran capacidad de desestabilización y destrucción.

Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2011 el Asia Meridional donde se ubica Pakistán, con una extensión de 800,000 km2, ha acaparado la atención del mundo por su radicalismo musulmán; es sobradamente conocido que el Talibán fue en gran parte creación de Pakistán, entrenados en suelo pakistaní; Pakistán está resintiendo las consecuencias de su abierto apoyo a ese grupo. Además, durante la guerra afgana recibió a más de tres millones de refugiados de ese país, parte de ellos han contribuido al desarrollo de laboratorios químicos de procesamiento de opio y fabricación de heroína; la lucha por controlar el tráfico de drogas, la influencia del “dinero negro” en la economía, incluido el tráfico de armas, han hecho de Pakistán el país de mayor inestabilidad en el Sur de Asia.

En este contexto, Pakistán es evaluado como una nación donde rigen leyes estrictas del Islam; entre los países con mayoría musulmana tiene las leyes más severas contra la blasfemia cuyo propósito fundamental es proteger a la autoridad islámica. Varias secciones del Código Penal de Pakistán constituyen las leyes contra la blasfemia; en este ámbito, profanar el Corán es penado con prisión de por vida; difamar a Mahoma se castiga con la muerte. La ofensa puede ser denunciada por un musulmán sin necesidad de testigos o pruebas adicionales y el castigo suponer el juicio inmediato y posterior condena a prisión o muerte del acusado. La ley es usada con frecuencia para perseguir a la minoría cristiana (2.8 millones de cristianos viven en Pakistán), que suele ser explotada laboralmente y discriminatoria en el acceso a la educación y a los puestos públicos. El caso emblemático de la aplicación de la ley de la blasfemia es el de la cristiana Asia Bibi que trabajaba como obrera en Pakistán en junio del 2009 y en una ocasión le pidieron que buscara agua potable para sus compañeras; todas musulmanas; algunas de estas se negaron a beberla por considerarla “impura” debido a que fue proporcionada por una cristiana. Un día más tarde, Asia fue atacada y acusada de blasfemia contra Mahoma, razón por la cual fue condenada a muerte. Esta sentencia ha sido evaluada como una violación a los Derechos Humanos y aplazada hasta la fecha por la campaña de protestas a su favor de la sociedad civil de Pakistán, no solo la comunidad cristiana y, de otras organizaciones en el mundo. Resulta inverosímil que el gobernador de Pakistán, Salman Tasir, fuera asesinado en enero del 2011 por uno de sus guardaespaldas debido a sus críticas a la Ley de la Blasfemia.

El caso de Asia Bibi no es el único, muchos musulmanes han sido afectados injustamente por esta Ley. El fanatismo islámico es una de las mayores amenazas para los musulmanes y para el mundo en general.