Opinión

Se acabó la fiesta

 
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paquete económico

Lo primero, agradecer a Enrique Quintana y a Jaime Domingo la oportunidad de compartir en El Financiero Bloomberg reflexiones sobre temas que espero sean de interés para los lectores.

Miguel Cervera, maestro de varias generaciones de actuarios y quien ha sido mi maestro en la práctica de generar información estadística me regaló hace tiempo un libro del cual tomo el título de esta columna. Del libro, ‘Erase una vez un número’, de John Allen Paullos se desprende que aunque muchas historias no necesitan números, sin estadísticas corren el riesgo de desestimarse y que, por el contrario, aunque algunas cifras casi se bastan por sí mismas, sin contexto pierden sentido. De eso se trata esta columna, de contar historias basadas en evidencias y de darle contexto a las evidencias.

El presupuesto 2017, el déficit y el nivel de deuda del gobierno son temas que hoy forman parte del debate público. De parte del gobierno se ha argumentado correctamente en la necesidad de regresar a tener superávit primario para estabilizar el crecimiento que ha tenido la deuda del sector público.

Si observamos la evolución de los requerimientos financieros del sector público queda claro el por qué de la preocupación. De acuerdo a datos del CEESP, como porcentaje del Producto Interno Bruto, se han incrementado en los últimos diez años 20 puntos porcentuales, de niveles de 30% con respecto del PIB a niveles de 50% actualmente. Los mercados, que al final, nos guste o no, son los que juzgan los niveles de endeudamiento, consideraron que había espacio para hacerlo, quizá esperanzados en el crecimiento que tendría nuestro país con las reformas estructurales. Hoy esos mismos jueces consideran que estamos llegando al límite y amenazan con bajar la calificación de la deuda mexicana.

Se acabó la fiesta y no parecemos entenderlo. Lo que hoy se ve en los medios son reclamos: “se redujo el presupuesto a la cultura”, “se está descobijando a la CDMX”, “los recursos asignados a infraestructura son insuficientes”, “no hay recursos para implementar el Sistema Nacional Anti-corrupción”; se extrañan las señales de responsabilidad presupuestaria, no nos damos cuenta que es la oportunidad de tomar acciones que la sociedad está demandando desde hace mucho tiempo.

Me pregunto si no sería la oportunidad de disminuir a 300 el número de diputados, prohibir la publicidad gubernamental, poner límites a las iniciativas del Congreso que requieren recursos fiscales y muchas otras acciones que seguramente están en la mente de usted estimado lector.

Creemos que el recorte al presupuesto del 2017 es un tema coyuntural, no nos damos cuenta que es más que eso.

El autor es profesor asociado del CIDE.