Opinión

Sara del Kurdistán: crimen perfecto en la capital gala


 
A una semana de la ejecución en París de Sakine Cansiz, cofundadora y financiera del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) junto a otras dos activistas, persiste el misterio sobre un atentado que puede haber descarrilado el incipiente diálogo de paz entre Turquía y uno de los pueblos sin patria de Oriente Medio, con importantes repercusiones regionales.
 
Cansiz, Sara en las filas clandestinas, se abrió paso en un medio hermético y machista, si bien más tolerante que el de Ankara o El Cairo, para representar a la provincia de Elazig, uno de los enclaves kurdos en Turquía, durante la creación del PKK en 1978. Repudiada por su familia, había conocido a Abdulá Ocalan, líder de la guerrilla, y fue arrestada apenas al terminar la preparatoria, en paralelo al golpe de estado; encarcelada y torturada en la abominable cárcel de Diyarbakir los siguientes 11 años, se convirtió en 'leyenda' del movimiento separatista y tanto en el Valle de la Bekaa, en Líbano, como en el norte de Irak, organizó las primeras unidades femeninas de la insurgencia.
 
Murat Karayilan -ahora jefe del PKK, luego de la captura de Ocalan en 1999- le ordenó pasar a Europa y en el viejo continente Cansiz estableció canales de financiamiento para el PKK, pero también, según Hürriyet, comenzó las pugnas con otras facciones del grupo por el homicidio de Mehmet Sener. Francia le concedió asilo en 1998 y hace una semana, en el Centro de Información Kurdo, en pleno corazón de París, resultó asesinada a los 55 años de un tiro en la cabeza por desconocidos, que mataron asimismo a Fidan Dogan, representante del Congreso Nacional Kurdo en el país europeo, y la activista Leyla Soylemez.
 
Los cuerpos fueron encontrados horas después y Al-Monitor resalta que la técnica empleada por los sicarios, que portaban armas con silenciador, "habla mucho por sí misma. Sólo los profesionales pueden cometer crímenes perfectos; la puerta de la oficina tenía código, pero fue abierta sin fuerza, lo que nos indica que las víctimas conocían a los asesinos, o que los asesinos quieren que pensemos eso. El consenso en Turquía es que los homicidas querían destruir el proceso de paz".
 
Sospechas
 
¿Quién tendría, se pregunta el portal especializado en Oriente Medio, la inteligencia y capacidad operativa necesarias para perpetrar el atentado? Mientras que el premier turco, Recep Tayyip Erdogan, condenó el crimen y lo achacó a un posible ajuste de cuentas entre los secesionistas, Al-Monitor desecha la hipótesis de Ankara, acusada por el PKK y que había empezado a negociar con Erdogan ante la reactivación de las hostilidades en la volátil zona fronteriza con Irak y Siria; descarta también al "Estado profundo", la omnipresente cúpula militar turca que se funde con los 'nacionalistas', presuntamente desarticulada por el islamista moderado Erdogan, para aniquilar en cualquier lugar del mundo a sus 'enemigos', como el periodista turco armenio Hrant Dink.
 
Queda entonces recordar que la guerrilla kurda se fortaleció gracias a la consolidación del protectorado kurdo estadounidense en el norte de Irak, que encabezado por Massud Barzani desafía a los chiítas de Bagdad por la venta de petróleo y el control de Kirkuk; y que para defenderse de El Kaida y de la internacional musulmana exportada por la CIA, Qatar, Arabia Saudí y Bruselas, Siria dio manos libres a su propia minoría kurda en la frontera turca. Para Star, en Ankara, el 'bloque antiturco' incluye a Irán, Washington, Israel, Rusia y China, que apuestan a la inestabilidad de Turquía para impedir el surgimiento de una nueva potencia regional.
 
Ayer, Erdogan advirtió que nunca cederá ante la insurgencia, pero dijo que sus contactos con Ocalan son para zanjar un conflicto que estalló en 1984 y que después de 40,000 muertos sólo trajo "dolor, sangre y lágrimas". El sábado, al tiempo que 10,000 simpatizantes del separatismo se manifestaban en París, exigió al presidente galo, Francois Hollande, explicar 'inmediatamente' por qué se reunió con Cansiz y "con qué objeto estaba en comunicación con esos terroristas", luego de que Hollande aceptó que "regularmente" se entrevistaba con la dirigente asesinada.