Opinión

Saqueándonos

  
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gasolina

Seguramente usted está al tanto del enfrentamiento entre ladrones de combustible (huachicoleros, los llaman) y el Ejército. Los primeros utilizaron mujeres y niños como escudo, de forma que los militares no podían responder, y mataron e hirieron a varios de los elementos.

El robo de combustible ha ocurrido desde hace mucho tiempo (al menos una década, ya de forma importante), pero el incremento de precio de la gasolina lo ha hecho un negocio más rentable. Por dos razones: hay mayor margen, y hay una excusa moral para los compradores: no compran robado porque sean malas personas, sino porque se defienden de un acto arbitrario y abusivo del gobierno al elevar el precio del combustible.

Todos los crímenes colectivos requieren de este segundo elemento, que frecuentemente olvidamos. Al analizar el narcotráfico, se habla del precio de la droga en el mercado, del costo de producción, de sobornos y gastos de transporte, pero se olvida un elemento determinante: la connivencia en cada uno de los momentos por parte de la población. En la siembra, porque la amapola y la mariguana no son tan diferentes del maíz y el frijol para el campesino, que no se preocupa por lo que hagan después con su cosecha; en la recolección y traslado se goza del apoyo de la población y las autoridades, que consideran que envenenar a otros no es su problema, y a cambio reciben apoyo de los narcotraficantes, incluyendo complementos de sueldo para la Policía; en el mercado local, el menudeo es una actividad alternativa para jóvenes que pueden optar por ser rateros, halcones, golpeadores, o si optan por el mercado formal, policías.

La 'flexibilidad moral' no se queda sólo en eso que llamamos crimen organizado, es nuestra forma de vida. Los compradores de gasolina robada dicen que no están robando, sino que impiden que Pemex y el gobierno lo hagan. Algo parecido dicen quienes registran su auto en otra entidad para pagar menos tenencia, o evitar que se les apliquen las fotomultas. Pero el caso más generalizado es la evasión de impuestos. Los mexicanos no pagan porque el gobierno se roba el dinero, de forma que prefieren robarlo ellos antes.

Para los expertos, estamos frente a un caso extremo de acción colectiva. Nadie cree en el funcionamiento de la sociedad, de forma que cada uno se defiende solo. Al hacerlo, daña al conjunto, provocando que en efecto la sociedad no funcione, de forma que ve su hipótesis cumplida: “ya ven, por eso es mejor robar”.

Este comportamiento suele destruir las sociedades. Cuando creemos que los demás van a actuar en nuestra contra (robando ellos) optamos por actuar primero (robando nosotros). Todos acabamos peor. Los expertos explican esto mediante los juegos de la 'caza del ciervo' y el 'dilema del prisionero', y de ahí sabemos que para que una sociedad funcione, es necesario impedir este comportamiento, promoviendo la cooperación en su lugar. También sabemos que para ello es necesario que exista una tercera parte (ni ellos ni nosotros), que haga más valiosa la cooperación y más costoso el saqueo. Por eso las religiones fueron tan importantes en la construcción de las sociedades humanas durante diez mil años, y por ello en los últimos quinientos se le ha sustituido por un Estado fuerte, que vigila y castiga a quien no coopera. Sin eso, la sociedad se derrumba.

Cuando ese Estado funda su actuar en el saqueo, sin embargo, deja de ser una tercera parte y se convierte en un elemento más de 'ellos'. Eso ocurrió en México durante el siglo XX, pero la fuerza del Estado impedía a la población defenderse directamente. Por eso migraron al crimen. Y hoy cosechamos lo que sembramos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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