Opinión

Sangre fría y pies de plomo

La revista francesa L’Express ha publicado en un número reciente un artículo de Caroline Franc Desages cuyo contenido es altamente explosivo: “Infidelidad: 10 señales que pueden revelarla”. Repantigado en el mullido sillón, a Gil se le ocurrió otro artículo: “Infidelidad: 10 trucos que pueden hacerla invisible”. No hay derecho a que la señora Franc venga con su batea a dar ideas a hombres y mujeres. Si de por sí. Para no darse un balazo en el pie, Gamés propone repasar los consejos de L’Express y luego un antídoto, como una ley secundaria, o como se diga.

1. “Cambios notables en el empleo del tiempo: todos los viernes a la misma hora, mi marido tiene una reunión urgente”. Se necesita ser un francés muy tonto, o un mexicano muy idiota, para no darle variedad a las salidas urgentes. Lectora, lector, nunca sigan modelos preestablecidos, sean sorpresivos, insólitos, inauditos. La rutina y la monotonía es la tumba de la infidelidad. Tengo que salir. Pero si son las cuatro de la mañana. No importa debo ser sorpresivo.
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2. “Un cambio inesperado de apariencia: nuevos trajes, camisas, una loción para la caída el cabello, mucho tiempo ante el espejo”. Ahora resulta que si va usted a comprarse un traje es porque tiene una aventura. No jalen porque cobijan, nomás faltaba. La desesperación de un hombre a quien se le cae el pelo y se peina de queso Oaxaca no indica engaño alguno. O bien, los espejos, como en Borges, revelan la infidelidad.

3. “Cambio en la frecuencia sexual con la esposa. El cónyuge infiel puede mostrar una cierta indiferencia sexual”. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y farfulló: si la indiferencia sexual es síntoma de que uno de los cónyuges es infiel, Gamés les tiene una mala noticia: todas las parejas del mundo son infieles. Gil lo firma con sangre sobre la piel de zapa de la vida. Aigoeei.

4. “Uso sospechoso del teléfono. Cuando tu pareja no responda el teléfono en tu presencia, algo anda mal”. Para que más que la verdad, el iPhone, o lo que sea, es causal de divorcio, pero no por infidelidad, secreto, caricias de seda, entusiasmo, miradas rotundas, sexo desaforado y demás cosas sin importancia que trae consigo la infidelidad, mju, sino porque hay seres celosos e incomprensivos que no aceptan la compañía de un dispositivo.

5. “Huellas materiales. Olor a perfume, cabellos largos y rubios en el saco, pelos de gato cuando la pareja nunca ha tenido un gato”. Gil se imagina este diálogo: ¿Me puedes decir de quién son esos calzones de mujer que encontré en la bolsa de tu saco? No pienses mal, cariño, me los dio a guardar mi jefe; si buscas con calma, también encontrará un brasier de varilla en la bolsa interior del saco.

6. “Un nombre que aparece a menudo en la conversación”. Si usted quiere zafarse de este problema pregúntele a su mujer de 25 años de casada con usted: ¿Cómo me dijiste que te llamabas? Este momento de gran ternura eliminará cualquier sospecha de infidelidad.

7. “Cambios en el gusto. Mi pareja nunca comía chocolate y ahora le encanta. Si su pareja empieza a oír rock alemán, desconfíe”. Cuidado, señora; cuidado, señor. Nada de que se me antoja el mole amarillo, si detesta usted la maciza y la grasa. Sería preferible que usted dijera: apetezco ratones hervidos, por lo menos pensarían que está usted loco y no que tiene una amante.

8. “Aparición de regalos sospechosos. Me lo dio mi mamá; un detalle de mi jefe”. Cierto, el regalo insustentable, o como se diga, despierta suspicacias. Gil recomienda: cómprese regalos a sí mismo para destantear al enemigo. Un litro de aceite grueso para motor de coche, nunca falla.

9. “Llamadas anónimas. Muchas veces a la semana suena el teléfono y nadie contesta”. Esto quiere decir que las empresas telefónicas son una vergüenza, pero podría interpretarse mal si del otro lado alguien jadea.

Si esto ocurre está usted en problemas muy serios: ¿vio usted la película Atracción fatal? Usted podría ser el conejo en la olla.

10. “Una pequeña voz que le habla, una intuición, algo fuera de lugar. Créalo”. Así las casas (muletilla inmobiliaria sin afanes infieles), todos los esquizofrénicos descubren la infidelidad de su pareja. Les hablan unas voces: tu esposa te engaña, mátala.

En fin no se deje usted amedrentar, adelante, la lujuria todo lo derrota, un solo consejo de Gil: sangre fría y pies de plomo.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos, mientras los meseros traen charolas con Glenfiddich 15, una máxima de Giovanni Papini se abrirá paso entre las servilletas: “El amor es como el fuego, si no se comunica, se apaga”.

Gil s’en va.