Opinión

Sanders, el Trump demócrata

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Bernie Sanders. (Reuters)

SYRACUSE, Nueva York.- Hillary Clinton, según CNN, en 45 ocasiones apoyó públicamente el Tratado Transpacífico (TTP), al que se refería como “el estándar de oro de los acuerdos de libre comercio.” Sin embargo, a los dos días de darse a conocer la terminación de la negociación del TTP, la candidata demócrata decidió darle la espalda, a lo que será –de ser aprobado por el Congreso–, el gran legado comercial de Barack Obama. Bernie Sanders, su competidor demócrata más cercano, es la explicación al giro de 180 grados de la exsecretaria de Estado de Obama.

Sanders, el senador independiente por Vermont, se ha convertido tenazmente en un serio dolor de cabeza para Hillary. El senador ha logrado disminuir la ventaja de Hillary en las encuestas de 50 a 16 puntos (el promedio de todas las encuestas da un 41.6 por ciento a Hilary mientras que a Sanders 25.2 por ciento). Más aún, en New Hampshire (segunda parada electoral que tendrá lugar el 9 de febrero de 2016), Sanders aventaja a Hillary por más de 10 puntos, mientras que en Iowa (primera parada del 1 de febrero de 2016) está muy cerca de empatarla; solamente hay 6.3 puntos de distancia entre ambos candidatos (HuffPost Pollster).

El senador independiente ha logrado convertirse en un serio rival de la exprimera dama por cuatro motivos: a los demócratas no les gusta que se les imponga un candidato; ésta es la temporada electoral de los insurgentes y Sanders representa, toda proporción guardada, el Donald Trump demócrata; aparece como un candidato auténtico con señalamientos necesarios; finalmente, porque ya cuenta con recursos financieros suficientes para subsistir hasta bien entrada la temporada primaria.

Después de consultar a una buena pila de amigos demócratas, he llegado a la conclusión de que simplemente no se hacen a la idea de que incluso la célebre Hillary Clinton se imponga como candidata “inevitable”. Según el profesor en liderazgo de la Universidad de Pensilvania, Jonathan Haidt, los fundamentos de la moral se basan en seis categorías –cuidado/daño, libertad/opresión, justicia/trampa, lealtad/ traición, autoridad/subversión, y santidad/degradación–. Los análisis empíricos de Haidt lo han llevado a concluir que las seis categorías son importantes para los conservadores, mientras que los liberales se enfocan en dos: cuidado/daño y libertad/opresión. Es decir, los liberales que son el corazón del Partido Demócrata rechazan la imposición. Un claro ejemplo histórico es la postulación de Edward Kennedy en 1980, pues no concedió que el propio presidente Jimmy Carter fuera el candidato “inevitable” y por lo tanto, único.

Sanders representa, al igual que Trump en el campo republicano, el antiestablishment. Llegó al Congreso hace más de dos décadas. Primero fue electo para la Cámara baja en 1990 y luego para el Senado en 2000. Sin embargo, su paso por el recinto legislativo ha sido como congresista independiente y, actualmente, es uno de los dos únicos senadores independientes de la Cámara alta. Más aún, el de Vermont representa los intereses de la izquierda estadounidense. Se identifica a sí mismo como un social-demócrata, quien prioriza la equidad del ingreso, la reforma de Wall Street y la cobertura universal de salud. 

El articulista del The Washington Post, Eugene Robinson, señala que el gran atractivo de Sanders está siendo su “autenticidad.” Ahora sí que el senador de 74 años aparece tal cual es, desparpajado, con un mechón de pelo blanco que no pretende ocultar su calvicie y a menudo desfajado. Bien dice Robinson, “hay una refrescante falta de artificio en él”. Incluso, sus posiciones izquierdistas aparecen sensatas para una buena parte del electorado liberal e independiente: universidades públicas gratis, pues sus colegiaturas se han tornado escandalosamente costosas; más seguridad social para un país que de por sí está en los huesos de prestaciones sociales; y guarderías y licencias de maternidad y paternidad.

Finalmente, el independiente de Vermont estará en la pelea por la nominación demócrata por que ya tiene con qué: fondos de campaña. Al arrancar octubre su equipo dio la sorpresa, recaudó prácticamente el mismo monto que Hillary: 26 millones de dólares mientras ella 29 millones. Más aún, Sanders no tiene grandes donadores como la Clinton. Sus contribuciones de campaña son en promedio de menos de 25 dólares. Esto indica que está teniendo una gran penetración entre el elector común y corriente. Incluso, en Massachusetts Sanders rebasó el logro de Obama al recolectar casi tres millones de dólares entre abril y julio de 2015.

No obstante que Sanders es un candidato con dinero, sensato y refrescante, sigo pensando que la candidata demócrata será Hillary Clinton (aún si llega a entrar en la contienda el vicepresidente Joseph Biden).

Ante el acoso de Sanders en el tema del TPP, Hillary está cometiendo errores similares a los que realizan los republicanos para ganar su base en la temporada primaria y perder electores indecisos en la elección general. Su cambio de posición del TPP se explica por cortejar a la base sindical-proteccionista de su partido. Esto la llevará, irremediablemente, a tener un flanco abierto a las preguntas que le hará Marco Rubio, Jeb Bush o Donald Trump el próximo otoño, “¿Por qué te opusiste al mejor legado comercial internacional –el TPP– del presidente Obama?”

Twitter: @RafaelFdeC

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