El tsunami político del 2018
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El tsunami político del 2018

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El tsunami político del 2018

09/07/2018

El pasado 1º de julio los ciudadanos mexicanos, con su decisión en las urnas, han provocado un verdadero tsunami político, que ni las encuestas más acertadas predijeron en su dimensión; hoy como dijera Marx a mitad del siglo XIX, “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Porque, en efecto, el cambio que habrá de producirse en el sistema político mexicano será y está siendo de una magnitud tan profunda que sin duda una nueva arquitectura política habrá de surgir en el corto plazo.

El mandato popular fue de consolidar el presidencialismo y como en otrora darle mayoría en las cámaras del Congreso Federal, pero también en la mayoría de los congresos locales, lo cual supone una posibilidad de que si se busca reformar la Constitución se podrá realizar; pero además, al existir una mayoría de congresos locales afines al próximo presidente, la relación política entre éste y los gobernadores tendrán también una nueva connotación, no solo hay, por supuesto, ahora gobiernos divididos en las entidades federativas, sino también la posibilidad de redireccionar el gasto en los estados, al ser los congresos los responsables de la aprobación de los presupuestos locales. Hoy la nueva distribución del poder local abona a un cambio profundo y de raíz en el sistema político.

Por supuesto, el sistema de partidos ha volado por los aires y no sólo por la reconfiguración y el número de partidos políticos que quedaron vigentes, sino también por la pelea y ajuste de cuentas que en los maltrechos y casi extintos partidos políticos perdedores se ha iniciado por encontrar los responsables no en un afán civilizado y democrático que busque las causas de la derrota, sino al más primitivo método de buscar “chivos expiatorios” y encontrar culpables, sin buscar los orígenes estructurales de la derrota. Además, los que sobrevivan, si quieren ubicarse en el nuevo contexto de partidos, deberán leer lo que está pasando en el mundo: una transformación cualitativa de la forma partido tradicional, deberán transitar a una nueva organización, acercándose a los de movimiento social, con propuestas más diversas, plurales, trasversales, una estructura orgánica menos rígida, más programática y ejecutiva, etc., y paradójicamente el partido-movimiento ganador Morena, caminar a una forma institucional y de estructura para ser en verdad eficiente un partido político-movimiento social en el gobierno.

Muchas leyendas políticas como la fuerza del “voto duro” , “las estructuras de los partidos”, “el corporativismo”, etc., han quedado borradas del léxico político y han evidenciado el “negocio” que durante muchos años estas estructuras y sus beneficiarios habían hecho de la política.

El comportamiento político de la clase dirigente, así como el uso del marketing político también ha sido evidenciado y han pesado mucho, pero mucho más los verdaderos problemas que la gente siente y rechaza: la corrupción y la impunidad; la pobreza y la desigualdad; la violencia y la inseguridad; el bajo crecimiento económico y el desempleo , entre las más importantes, y no la vestimenta, las formas, la imagen, etc.

De este proceso electoral y del triunfo de Morena, su coalición y sus candidatos, hemos podido observar también el grado de intolerancia que existe en la sociedad y hasta de discriminación y en no pocos ejemplos, pero es parte de nuestra baja cultura política y así hay que entenderlo para ir desarraigando, ojalá con el avance de la sociedad, este tipo de comportamientos.

Un punto sustancial que habremos de observar es el cambio de la política económica, del papel del estado en el fortalecimiento del mercado interno y de una nueva articulación con el mercado global, este proceso no será ni sencillo ni en el corto plazo, por el grado de profundidad y por el enraizamiento que ha alcanzado el modelo neoliberal y de globalización económica. En fin, muchos cambios habremos de vivir en el país iniciando el 1° de julio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.