Opinión

Samir Nayi Mokbel, preso 11 años sin juicio en Guantánamo


 
De haber cumplido su primera y alentadora orden ejecutiva al asumir en la Casa Blanca, durante el frío invierno de 2009, estos días Barack Obama le ahorraría a Estados Unidos el oprobio de mantener en operaciones un auténtico 'sitio negro', un calabozo que en muy poco se distingue de los que existen en los países que más violan los derechos humanos, como Corea del Norte, Arabia Saudita, Siria o el criticado Irán.
 
Sin embargo, la orden ejecutiva de Obama, para cerrar en el plazo de un año la cárcel para 'sospechosos de terrorismo' en la estación naval de Guantánamo, al oriente de Cuba, nunca se cumplió y el mandatario demócrata muy pronto se olvidó del tema, sobre todo cuando la ultraderecha republicana se escandalizó ante la perspectiva de que fuera enjuiciado en una corte federal de Nueva York el pakistaní Jalid Sheij Mohamed, presunto cerebro del martes negro que 'confesó' mediante algunas de las más abominables prácticas de tortura puestas en marcha por la CIA, el Pentágono y sus 'contratistas', el waterboarding o ahogamiento con líquido que se vierte sobre un paño colocado en el rostro de la víctima.
 
En lugar del proceso debido, como corresponde a Washington, en otro tiempo impulsor y suscriptor de las convenciones de Ginebra para el trato humanitario a los prisioneros de guerra, hasta que el oscuro Alberto Gonzales, procurador general del régimen Bush, tachó de 'obsoletos' dichos acuerdos y bautizó a sus detenidos como 'combatientes enemigo', desprovistos de cualquier derecho, Obama apenas y modificó a las 'comisiones militares' que 'juzgan' a los internos de Gitmo; el método es tan abusivo, lento, tortuoso y carente de garantías para los 'acusados' que éstos ya no soportan más, sobre todo cuando enfrentan una situación infernal como la de Samir Nayi el Hasan Mokbel.
 
Huelga
 
Al cabo de una huelga de hambre que estalló en febrero y del motín que el fin de semana el Comando Sur del Pentágono aplastó con 'balas menos que letales', según un boletín emitido en Miami, Mokbel irrumpió el domingo en la conciencia del Estados Unidos liberal con su testimonio publicado en The New York Times 'Gitmo me está matando', confiado a través de un intérprete del árabe a sus abogados del organismo filántropico Retrieve (vale la pena destacar que los 'acusados' rara vez tienen contacto directo con sus defensores, y que cuando lo alcanzan pueden ser espiados impunemente).
 
En 3 páginas, Mokbel resume: No comeré hasta que se restaure mi dignidad. He permanecido detenido en Guántanamo por 11 años y 3 meses, nunca se han presentado cargos formales en mi contra por algún crimen y nunca he sido enjuiciado. Podría estar en casa desde hace años -nadie piensa seriamente que soy una amenaza-, pero todavía estoy aquí. Hace años los militares dijeron que era un 'guardia' de Osama ben Laden, pero era un absurdo, como algo sacado de las películas norteamericanas que veía. Ya no parecen creer en eso, pero tampoco parece importarles cuánto tiempo seguiré sentado aquí.
 
Como Salím Hamdan, aquel pobre yemení de amplia y confiada sonrisa a quien en 2002-08 sus verdugos llamaron 'el chofer de Ben Laden', su compatriota Mokbel viajó en 2000 a Afganistán ilusionado con la oferta de ganar más que los 50 dólares mensuales que obtenía en una fábrica de su país, arrasado por la sequía y la 'guerra contra el terrorismo' de Washington y El Riad.
 
En todo caso, debe haber sido un simple soldado de a pie reclutado por el gobierno Talibán o El Kaida, que huyó como miles de extranjeros más a Pakistán, ávido de capturar a 'islamistas' para convencer a EU de su 'colaboración'.
 
Ahora el hombre de 35 años es forzado a 'comer' 2 veces al día con un catéter que los custodios introducen en su nariz, provocándole un dolor 'que no le deseo a nadie'. La primera vez que fue 'alimentado' así lo dejaron 26 horas atado a su cama, como escarmiento. Pero Mokbel no quiere ceder en la lucha, igual que otros 40 compañeros que también están en huelga de hambre. Todavía hay, en total, 166 presos en el limbo jurídico de Guantánamo; como dice Mokbel, los ojos del mundo deben dirigirse a ese rincón del Caribe, antes de que sea demasiado tarde.