Opinión

Salvaguardas

    
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TLCAN. (Shutterstock)

Contra lo que pudiera pensarse, los acuerdos de libre comercio, más que eliminar las barreras que impiden los intercambios entre naciones, lo que hacen es acordar la intensidad de competencia que quieren tener, cuáles serán las formas de protección permitidas y en qué condiciones se aplicarán.

Los medios de protección más comunes y conocidos son las tarifas: si quieres vender aquí tu producto me tienes que pagar una cantidad determinada. Al sumar al precio ese importe se elimina la ventaja que tenías sobre mí y entonces competimos en igualdad.

Existen otras medidas, que no se ejercen permanentemente, sino frente a contingencias. Su objetivo es mantener la disciplina debida, sancionando los abusos. Por ejemplo, si descubres que un producto es objeto de dumping (es subsidiado, es importado a un precio menor al costo o a un precio inferior al que se vende a otros países), puedes solicitar que se aplique un escarmiento, que generalmente es un arancel superior al normal. Esa situación será temporal, con la idea de que el fabricante nacional tenga oportunidad de hacer las reformas estructurales y las inversiones que lo hagan más competitivo.

ASEGUNES 
Sin embargo esto tiene sus complicaciones y puede no ser conveniente infligir la sanción. Por ejemplo, en octubre de 1990 una compañía mexicana exigió punición contra una importadora de India, porque estando en ese tiempo el mercado de aquel país altamente protegido, vendía aquí un ingrediente farmacéutico (utilizado para combatir la amebiasis) a un precio inferior al costo de producción local. Pero resulta que el activo medicinal (diiodohydroxyquinoline) sólo se producía en Alemania, México e India, además de que la firma hindú era filial de la alemana. Si se hubiera asignado el arancel merecido, la compañía hindú hubiera dejado de ser proveedor, dejándole a la alemana mayor poder de mercado.

Generalmente, cuando se denuncia un dumping, se abren audiencias para escuchar a las partes interesadas y una investigación para verificar que objetivamente exista un daño. Son los técnicos los que, con transparencia, comprueban las acusaciones; generalmente que existe un subsidio o una distorsión en los precios.

En eso son diferentes las salvaguardas. Frecuentemente el denunciante no se queja de una afectación directa a sus intereses o a los de la industria a la que pertenece, sino al interés económico de su país, al bienestar de los trabajadores o consumidores y hasta la preservación del medio ambiente. Es decir, no se requiere encontrar una práctica desleal concreta. Todo lo cual es subjetivo, abierto a múltiples interpretaciones y difícil de justificar.

Por eso, para evitar represalias y conflictos interminables, el país que solicita la salvaguarda debe cubrir una compensación al afectado, comúnmente una reducción equivalente en otra línea de productos.

El gran problema es que, de todo el mundo, Estados Unidos es el país que más recurre al antidumping y a las salvaguardas (seguido de cerca por Canadá). De ser mecanismos contingentes para desincentivar el desorden, se convierten en formas habituales de bloquear la libre competencia.

Durante décadas México ha sufrido estos abusos, sobre todo en nuestras exportaciones de acero, químicos, maquinaria y equipo, textiles y calzado. En contraposición, de cada cinco investigaciones abiertas a exportadores americanos, sólo una acaba en la imposición de aranceles.

Por ello, desde 1986, en que México ingresó al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y a principios de los noventa, al negociarse el TLCAN, Canadá y México pugnaron porque las leyes antidumping y las salvaguardas se aplicaran moderadamente.

Como eso se veía inalcanzable, en paralelo a las negociaciones del TLC, se expidió en 1993 la Ley de Comercio Exterior, en la que por primera vez en México se incluía el procedimiento para aplicar medidas de salvaguarda. Se creó también la Unidad de Prácticas Comerciales Internacionales (UPCI), similar a la United States International Trade Commission (USITC).

La USITC, que existe allá desde 1816, realiza las investigaciones que solicitan los denunciantes, pero además monitorea el comportamiento de los productos sujetos a competencia internacional, produce estadísticas de gran utilidad y hace estudios sobre la competitividad de los diversos sectores económicos y sobre los efectos de los tratados comerciales.

La idea original era que la UPCI se convirtiera en una agencia independiente, con recursos suficientes para hacer investigaciones de caso con gran solvencia técnica y para estar estudiando los mercados. Ante las nuevas pretensiones de Estados Unidos es urgente hacerlo.





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