Sexto Informe de Gobierno
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Sexto Informe de Gobierno

10/09/2018

Esta semana se encontraron 166 cráneos humanos en fosas comunes en Veracruz; la CNDH contabilizó mil 306 fosas clandestinas de las que se han exhumado restos de tres mil 760 personas (sin contar el reciente hallazgo en Veracruz). Cada una de esas personas es como usted o como yo: con familia, historia, anhelos… Imagine la angustia de los familiares mientras desaparecieron, los torturaron y tuvieron una espantosa muerte. Nos hemos acostumbrado, pero haga el ejercicio que sugiere José Antonio Polo, director general de Causa en Común: cuente despacio y piense que cada número es una persona muerta en esas condiciones; verá cuántos son.

No sólo esa cuenta sucedió esta semana; también el presidente Peña hizo un recuento de sus logros. Son ciertos, pero siempre con el maquillaje que ofrece buena cara frente a la fría sombra de la realidad que los opaca desde otra perspectiva. No coincido en términos absolutos con una ni con otra representación de los mismos hechos.

Habría que ver qué aspectos en el país son los que deja, en realidad, más fortalecidos Peña Nieto con su gobierno. No coincido con él con su apreciación de dejarnos un país más fortalecido (así, en general) del que encontró. Desde luego que tampoco coincido con el diputado Fernández Noroña y sus seguidores que insultaron y calificaron de traidores al senador Martí Batres y al diputado Porfirio Muñoz Ledo, presidentes de ambas cámaras del Congreso de la Unión, por haber asistido al mensaje que el presidente de la República ofreció con motivo de su Sexto Informe; aunque hay que repetir una frase inteligente de Noroña y sopesarla: “Basta de estas ceremonias infames, que con dinero público pretenden encumbrar (…)” a quienes gobiernan. Se debe rendir cuentas, pero pareciera que para los que rinden todo es logro y satisfacción y para sus opositores todo fango y negligencia. Ni muy muy ni tan tan.

El mexiquense afirma que lega a López Obrador un país con estabilidad política, social y económica, y habría que analizar a qué se refiere con cada punto. Creo que los alumnos de la UNAM, por ejemplo, no coincidirían con él tras lo sucedido recientemente; aunque también dijo que “los hechos, respaldados con cifras verificables, deben ser el criterio principal para evaluar una administración”, y coincido, no obstante hay diversas formas de presentar los números: podemos decir cuántos delincuentes se han detenido sin mencionar los que faltan; cuánto ahorramos en un descuento sin tomar en cuenta lo que se gastó; cuántos kilómetros de carretera se construyeron sin mencionar cuántas brechas de tierra quedan en el país, etcétera, etcétera. En justicia, igualmente lo dijo Peña: “Estos (los números) dan cuenta de una transformación profunda en múltiples ámbitos y también revelan la persistencia de rezagos y desafíos que no logramos superar; a pesar de los esfuerzos realizados”.

Efectivamente, hay mucho por hacer pero también buenos datos: finanzas públicas sanas; padrón de contribuyentes creciente; inflación controlada, nuevos empleos formales, mayor inversión extranjera; en principio menos pobreza y mayor desarrollo del sector energético.

No habló de los 43 estudiantes de Ayotzinapa; del escándalo Odebrecht-Pemex-Lozoya ni de la casa blanca, aunque entre los asistentes al informe estaba el empresario Juan Armando Hinojosa, dueño de Grupo Higa, protagonista de la trama casa-obra suspendida del tren México-Querétaro. Faltó énfasis y detalle, me parece, en la gravísima situación que padecemos de inseguridad y crimen organizado.

Ha de ser crudo para el presidente saliente ver el poco interés y la poca cobertura mediática a lo que supongo imaginó hace seis años como un acto triunfal; pues no hay político que deje de soñar con la gloria de la historia y el homenaje frenético en el presente. En cambio hubo fascinación por Yeidckol Polevnsky, morbo por los empresarios presentes y aplausos para Batres y Muños Ledo.

Es una pena que el Informe no se rinda en el Congreso de la Unión. Nuestra escasa cultura cívica ha hecho que la consigna a gritos, mantas y tomas de tribuna, quite al Parlamento el lugar central donde se deliberan los asuntos públicos de una democracia. Quizá Fernández Noroña tiene razón respecto del gasto notorio para hacer un evento que ensalce al gobernante, a quien se rinde pleitesía mientras dice lo que quiere; pero han sido justamente representantes como él los que han profanado el recinto del diálogo disidente y respetuoso, donde la crítica severa no está regida con la cortesía parlamentaria, propia de un demócrata que rinde al pueblo además de cuentas y verdades, sus buenas formas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.