Mexicanos frente al grito de guerra
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Mexicanos frente al grito de guerra

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Mexicanos frente al grito de guerra

09/04/2018
Actualización 09/04/2018 - 9:12

La torpe estridencia de Trump continúa, asciende. Imprudente, arrebatado, sin proporción ni propósito. Ocurrente y aguerrido con decisiones absurdas e irresponsables. Desplegar la Guardia Nacional a lo largo de la frontera es un acto de agresión que rompe el equilibrio diplomático y nos ofende. No sé si alcanza a dimensionar el grado de hostilidad que su ocurrencia genera, pero el tema es grave y delicado; mucho más, si consideramos sus formas.

Hemos sido prudentes con sus altibajos y declaraciones desde que llegó a la presidencia. Puede ser verdad que quizá nos haya faltado. No hemos querido romper las negociaciones, claro, porque no nos conviene; pero hay cosas que no pueden permitirse, y en esa tesitura fue el posicionamiento de nuestro primer mandatario.

En todo su sexenio no había visto mejor al presidente Peña que en el mensaje claro, rotundo y digno que dedicó a Donald Trump. Tampoco habíamos tenido una coincidencia entre los candidatos a la presidencia y el propio Ejecutivo, y mucho menos reconocimiento recíproco entre ellos. El Senado condenó también los hechos y demandó respeto y dignidad. Opinadores y redes sociales apuntan en el mismo sentido. Qué pena que sea una amenaza lo que nos una, pero más vale.

El presidente coincidió y citó a los candidatos (por orden alfabético): Ricardo Anaya dijo que era un momento de unidad nacional; no es un tema de campañas, es un tema de país. AMLO apuntó que necesitamos una relación de amistad y cooperación para el desarrollo; no el uso de la fuerza, no muros, no apostar a una mala vecindad. José Antonio Meade señaló que es momento para que todos nos unamos en la defensa de la soberanía y la dignidad de la nación. Mientras que Margarita Zavala expresó que a la hora de defender la dignidad nacional, todos hablamos con una sola voz y exigimos respeto.

Las declaraciones se llevaron varias primeras planas y reacciones inusitadas de los propios candidatos, como la de Andrés Manuel felicitando el discurso del presidente, o la de Anaya, calificándolo de correcto.

La soberanía ha sido parte clave del discurso patrio, se equipara a nuestra dignidad. El apotegma juarista de la no intervención equivale, si me permiten la expresión, a la madre de cada mexicano sentido y bravucón, a quien no le pueden mencionar su nombre o figura, mucho menos mentar, pues se convierte automáticamente en la peor ofensa; por eso, con ello, han empezado cualquier cantidad de grescas al grito de “Con mi madre no te metas”.

Creo que el presidente enlazó bien la idea respecto a los “125 millones de mexicanos muy orgullosos de todo lo que somos”, con la confrontación a Trump relativa que “si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos”.

Dijo que nunca negociaremos con miedo y que a ambos países nos iría mucho mejor poniéndonos de acuerdo como amigos, socios y buenos vecinos. Dignidad, mesura y prospectiva, equilibrio poco frecuente en sus discursos.

Exigió respeto y remató diciendo que nadie ni nada está por encima de la dignidad de México. De nuevo la soberanía y el sentimiento, punto clave donde todos se le unen.

Frente al raro y frecuente reclamo del presidente de las últimas semanas, respecto a que no se reconoce lo bueno de su mandato, bien vale reconocer lo dicho y esperar un repunte en su aprobación, lo que se antojaba francamente difícil en un ambiente de hartazgo acaparado mediáticamente por candidatos y partidos; es verdad que las declaraciones del presidente mexicano son la respuesta más enérgica que se haya hecho por alguno de sus pares al hombre más poderoso del mundo en la era moderna.

Es verdad también que la Guardia Nacional no es su poderoso Ejército, Marina o ninguna de sus avanzadas policías, sino personas desarmadas; pero finalmente reservistas para casos de urgencia o emergencia, lo que no resta el tono agresivo y sin consideración del irrespetuoso presidente. Harán tareas de patrullaje, pero seguramente estarán en contacto con los agentes migratorios, también desplegados a lo largo de la frontera, así como con Fort Bliss, en Texas, la base militar más grande del mundo, con Fort Huachuca, en Arizona, cerca del paso de migrantes, que tiene una muy importante unidad de inteligencia, y con la base naval de Coronado, en California, con un equipo especial de marines que haría más desproporcionada cualquier tipo de acción o intervención.

El secretario de Defensa es quien autoriza las funciones de la Guardia Nacional, y en cualquier momento pueden destinarlos a cuestiones de migración o seguridad pública. Cuidado.

Somos mexicanos frente al grito del escandaloso vecino, no de guerra, pero sí de uno que usa a su Guardia Nacional para amedrentarnos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.